viernes, mayo 14, 2010

Otra vez La Josefina


El gobernador del Azuay lo dijo como si finalmente el tema se lo trataría en serio: el sector de La Josefina, 25 kilómetros al Este de la ciudad, está –nuevamente– en estado de emergencia. Y solicitará al Presidente de la República un estado de excepción.

La Josefina ha estado en emergencia desde la presidencia de Sixto Durán-Ballén, estado que fue ampliado por Mahuad y otros mandatarios a otras zonas de influencia en la cuenca del río Paute.

Según el representante de Correa en la provincia, “hay el inminente peligro de un macrodeslizamiento”. Ese peligro era latente desde antes del primer deslizamiento: el 29 de marzo de 1993, 200 millones de metros cúbicos de rocas y tierra taponaron los ríos Cuenca y Jadán inundando extensos territorios tanto del Azuay como del Cañar. Se calcula que se represaron 300 millones de metros cúbicos de agua; 100 millones menos que lo que almacenará Mazar.

El agua subió durante 30 días y obligó a la evacuación de 14 mil personas. Fue catalogado como el segundo desastre en magnitud en Sudamérica y culparon de todo eso a la explotación ilegal de áridos en las faldas del cerro Tamuga y en el cauce del río Cuenca y Paute, que a ese punto llega con los aportes de los ríos Tomebamba, Tarqui, Yanuncay, Machángara, Jadán y Burgay. Un enorme caudal que da vida al mayor proyecto hidroeléctrico de país: Hidropaute.

Por allí atraviesa una falla geológica que se origina en el valle de Yunguilla, pasa por Girón, Turi, La Josefina y llega tras recorrer 100 kilómetros al cantón Cañar. La explotación indiscriminada aceleró el desastre.

Para atender la emergencia de 1993, cuando hubo pérdidas por 150 millones de dólares, el Ecuador recibió una generosa ayuda internacional en vituallas, implementos de supervivencia, dólares y euros. La Defensa Civil del Azuay, hoy invisibilizada totalmente, quedó como una de las más equipadas del país.

Iniciada la etapa de reconstrucción se reasentaron comunidades, se levantaron barrios (solo en Paute se construyeron 240 casas para recuperar Paute Viejo), se reubicaron puentes, pero también hubo quienes huyeron de la justicia tras malversar fondos, y sobre todo los explotadores de los áridos responsables de la tragedia quedaron en la impunidad.

Y mientras todo esto ocurría, la explotación minera seguía incólume. Ha seguido incólume hasta el martes anterior, cuando se hizo el anuncio de una nueva emergencia.

Entonces, a más de distraer un poco la atención de la opinión pública fijada este momento en la Ley de Recursos Hídricos y las movilizaciones indígenas, nada nuevo hay detrás de esta decisión “que no pretende causar alarma”, como lo dijo el Gobernador.

Mejor se hubieran ahorrado el nuncio, pues se pusieron en evidencia. Lo único que debían hacer, esta y las anteriores administraciones, es cumplir la ley: obligar el cese de la explotación y mandar a la cárcel a los explotadores, así hayan sido alcaldes o familiares de alcaldes.

Y obligarlos a reforestar la zona, a devolver el cauce natural al río, pues su actividad provoca la erosión que va a parar en las represas de Mazar y Daniel Palacios, disminuyendo su vida útil.

Es decir, el problema no está en las emergencias, sino en que la ley se cumpla.

De los dos lados.

Artículo publicado en EL UNIVERSO

viernes, mayo 07, 2010

Pero si solo piden consenso por el agua



La indiscutible obra vial que el Gobierno de Rafael Correa ha realizado en el Austro no será, por sí sola, argumento suficiente para sostener el respaldo que la región ha dado a su gestión, si es que la Asamblea, donde tiene mayoría, se empeña en no escuchar las demandas que en torno a la Ley de Recursos Hídricos y al tema minero formulan varios sectores sociales.

Al menos, y tras una prolongada calma, esta semana se constató una sensación de descontento: volvieron el gas lacrimógeno, las marchas y las detenciones en medio del cierre de vías interprovinciales, sobre todo en el sector de Victoria de Portete, donde se afincó un grupo que reivindica como un derecho el acceso libre al agua y condena la explotación minera a gran escala –también con la intención de asegurar la provisión del líquido vital–.

Y el primer día de protesta, justamente cuando la Asamblea Nacional se disponía a iniciar el segundo debate del proyecto de Ley de Recursos Hídricos, hubo detenidos en medio de una acción policial calificada como exagerada. Las fotografías captadas en los fríos páramos del Portete de Tarqui son elocuentes: en una de ellas, por ejemplo, tres policías se llevan a rastras a un dirigente comunitario de cuyas prendas está aferrada su madre, una anciana mujer campesina que intenta alcanzar el brazo del hijo; ambos tumbados sobre el asfalto mojado, mientras otro grupo de policías reprime a quienes reclaman por el hecho.

¿Fue necesaria esa demostración de fuerza?


Y la situación de protesta amenaza con radicalizarse por una tozuda posición política que no siente, como lo sentimos en el Sur, descontento y desencanto.

El comentario en varios círculos es: ¿Y cuál es la salida que promoverá el cuencano Fernando Cordero Cueva, desde la posición privilegiada de presidente de la Asamblea, a la que llegó con el actual Gobierno?

Recuerdo cuando Cordero Cueva era alcalde de Cuenca, y por lo tanto acérrimo defensor de Etapa, Empresa Municipal de Teléfonos, Agua Potable y Alcantarillado –de hecho trataba de mostrarse en el contexto nacional como paladín de la descentralización y Etapa era el arma para denostar contra el “Estado centralista”–. Eventualmente pedía a sus asistentes, cuando estaba al frente de una gran cantidad de periodistas, que le trajeran un vaso con agua obtenida directamente en la llave de su despacho. Y lo bebía frente a las cámaras.

Así impresionaba a los periodistas y sancionaba a las empresas que, desde aquel entonces, embotellaban el líquido para, a través de recursos “marketineros”, otorgaban “estatus superior” a quienes iban por allí exhibiendo en una mano, o en uno de los bolsillos de su mochila, una botella plástica con un poco de agua.

El Corcho –perdón, es la primera vez que le llamo así– debería reflexionar y pedir a uno de sus asesores, en la Asamblea Nacional, un vaso con agua obtenida en la llave de su despacho, tomarse unos tragos y después declararse opuesto a los intereses privatizadores del agua que, según denuncian los protestantes, tiene el actual proyecto de ley.

Después de todo, ellos solo piden consenso, y Cordero necesita demostrar que el agua no sirve solamente para lavarse las manos.

Artículo publicado en EL UNIVERSO

jueves, abril 22, 2010

Cementerio Patrimonial: aristocracia en la otra vida


Para quienes vivimos en Cuenca, Ecuador, resulta que la aristocracia es un asunto que se conserva aún después de la muerte.

Eso lo demuestra una campaña publicitaria que sugiere que en esta ciudad gracias a la benevolencia municipal los descastados tenemos la oportunidad de compartir un pedacito de eternidad con quienes, en vida, pertenecían –o se creían pertenecer- a una dinastía elegida por los dioses.

Y resulta que, según aquella campaña publicitaria, enterrarnos en el “Cementerio Patrimonial” es una oportunidad única para estar junto a Remigio Crespo Toral, Luis Cordero Crespo, Paco Estrella… aunque a ellos seguramente les revolverá que quienes hemos sido mortales comunes y corrientes y de una orgullosa sangre roja, terminemos con nuestros huesos en la sagrada tierra que ellos moran.

Y la aristocrática campaña publicitaria además es excluyente: en la edición de fin de semana en los diarios locales de Cuenca, “la Atenas del Ecuador”, circuló una invitación “A los descendientes y familiares de personajes cuyos restos reposan en el Mausoleo de Personajes Ilustres del Cementerio Municipal Patrimonial, al acto de homenaje y presentación de la obra biográfica Personajes ilustres que reposan en el Mausoleo del Cementerio Municipal Patrimonial de Cuenca…”
La invitación se completa con una lista de 93 nombres cuyos apellidos –algunos- estaban en las estrofas del Himno a Cuenca, que ya nadie canta.

La aristocracia puede hacer lo que le plazca con su mundo de fantasía. Lo que la Empresa Municipal de Cementerios, Empresa Pública, no debe hacer es malgasta su dinero en campañas prejuiciosas y excluyentes. ¿O es que el cementerio ya no es de todos?

Un ejemplo de una errónea campaña marketinera.

¿No lo cree así?

jueves, abril 01, 2010

Notas del lenguaje


Tomado de la agencia EFE

"Hat-trick", anglicismo innecesario
Madrid, EFE. La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), en una nota difundida hoy, recuerda que en español existen las formas "triplete" o "tripleta" para sustituir al anglicismo "hat-trick", que se refiere al hecho de que un mismo jugador marque tres tantos en un mismo encuentro En las informaciones deportivas suele usarse con bastante frecuencia el término "hat-trick", como vemos en los siguientes ejemplos: "El astro Lionel Messi anotó el 'hat trick' que dio la victoria al Barcelona", "El Barça golea al Valencia con un 'hat-trick' de Leo Messi" o "Higuaín logra un hat-trick en Valladolid".

Para referirse a este tipo de acción, la Fundéu BBVA aconseja utilizar "triplete" o "tripleta", vocablos usados en España e Hispanoamérica, respectivamente.

Así, en los ejemplos anteriores se podía haber escrito: "El astro Lionel Messi anotó la tripleta que dio la victoria al Barcelona", "El Barça golea al Valencia con tres goles consecutivos de Leo Messi" o "Higuaín logra un triplete en Valladolid".

Además, la Fundéu BBVA, que recibe el asesoramiento de la Real Academia Española, recuerda que si se emplea la palabra inglesa "hat-trick", esta se puede escribir con o sin guión, pero siempre en cursiva o entre comillas.

La Fundación del Español Urgente (www.fundeu.es) patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, cuyo principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación, cuenta con la colaboración, entre otros, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, El Corte Inglés, Red Eléctrica, Gómez-Acebo & Pombo, CEDRO, CELER Soluciones, Hermes Traducciones y Linguaserve.

La Fundéu BBVA recuerda que "al norte" no es "en el norte"
Madrid, EFE. La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) recuerda, en una nota que ha hecho pública hoy, que debe distinguirse entre estar "al norte, al sur, al oeste" de algún lugar y estar "en el norte, en el sur, en el este" de ese mismo lugar.

Es muy frecuente leer u oír en los medios de comunicación frases como "Se producirán precipitaciones al sur de Galicia", "Atentado en Kirkuk, al norte de Irak" o "El encuentro tuvo lugar en el estado de California, al oeste de EEUU".

Lo que pretendía expresarse era que iba a llover en la zona sur de Galicia, que Kirkuk se halla en la zona norte de Irak y que California está en la costa occidental de los Estados Unidos.

Sin embargo, lo que se dijo realmente fue que llovería en Portugal (que se encuentra al sur de Galicia), que Kirkuk es una ciudad de Turquía (situada al norte de Irak) y que California no se encuentra en Estados Unidos, sino en el Pacífico.

Según explica la Fundéu BBVA, cuando se dice que algo se encuentra "al norte, al sur, al este" de un lugar lo que se expresa es que está fuera de ese lugar, en la dirección en la que se indica.

Para expresar adecuadamente lo que pretendía decirse en las noticias, la Fundéu BBVA, que trabaja asesorada por la Real Academia, aclara que debería haberse dicho: "Se producirán precipitaciones en el sur de Galicia"; "Atentado en Kirkuk, en el norte de Irak"; "El encuentro tuvo lugar en el estado de California, en el oeste de EEUU".


Fundéu BBVA: "Sintecho" es una sola palabra y su plural es invariable
Madrid, EFE. La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) recuerda, en una nota difundida hoy, que el término "sintecho" se escribe en una sola palabra, en redonda (no en cursiva, ni entre comillas) y su plural es invariable ("los sintecho").

Ante las informaciones sobre el aumento de personas que carecen de hogar y que se refugian en algunos aeropuertos españoles, la Fundéu BBVA ha detectado expresiones como: "El Ayuntamiento de Madrid reconoció hace unos días que al menos 30 sin techo viven en las terminales del aeropuerto de Barajas" o "Ha incrementado de número de sin techo que viven en el aeropuerto de El Prat" de Barcelona (noreste de España).

La Fundación del Español Urgente, siguiendo el ejemplo del Nuevo diccionario de voces de uso actual, de Manuel Alvar Ezquerra, y el Diccionario de uso del español, de María Moliner, que registran "sintecho", aconseja escribirlas unidas, en redonda y sin comillas, como ocurre con "sinfín", "sinrazón" o "sinvergüenza".

Asimismo, la Fundéu BBVA, que trabaja con el asesoramiento de la Real Academia Española, señala que "sintecho", en su uso, se mantiene invariable en plural: "un sintecho", "varios sintecho" o "los sintecho".

Así, lo apropiado en los ejemplos anteriores hubiera sido escribir: "El Ayuntamiento de Madrid reconoció hace unos días que al menos 30 sintecho viven en las terminales del aeropuerto de Barajas" o "Ha incrementado de número de sintecho que viven en el aeropuerto de El Prat".

La Fundación del Español Urgente (www.fundeu.es) patrocinada por la Agencia Efe y el BBVA, cuyo principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación, cuenta con la colaboración, entre otros, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, El Corte Inglés, Red Eléctrica, Gómez-Acebo & Pombo, CEDRO, CELER Soluciones, Hermes Traducciones y Linguaserve. EFE

El idioma español vive una etapa de expansión mundial, asegura académico
México, 22 mar (EFE).- El idioma español goza de cabal salud, es flexible, inmune a la asimilación de nuevos y necesarios vocablos, tiene una gran unidad interna y vive actualmente una etapa de expansión mundial, dijo hoy a Efe el académico José G. Moreno de Alba.

El también director de la Academia Mexicana de la Lengua recordó que el español es el segundo idioma con más hablantes en el mundo, solo superado por el chino mandarín, lenguaje oficial en más de 20 países.

Además, "según diversos pronósticos, en unas décadas Estados Unidos será el país con mayor cantidad de hispanohablantes", indicó Moreno de Alba.

El académico aseguró que el español tiene "más fortaleza que sus hablantes" e indicó que lo principal de una lengua es la unidad para comunicar las ideas y trasmitir con precisión lo que se quiere decir.

Advirtió que lo que debilita a la lengua es su división en la fragmentación de las expresiones.

Así, se refirió, por ejemplo, a que "si en un país se dice computadora y en otros ordenador", son temas que se superan en la misma la práctica y se asimilan las más usuales.

El académico indicó que la introducción de anglicismos, galicismos, barbarismos y de todo tipo de neologismos no representan riesgos para el español y los calificó de preocupaciones inútiles derivadas de algún tipo de "inseguridad"·

Añadió que si el inglés tuviera temores por la asimilación de vocablos extranjeros ya no existiría, pues más de la mitad de sus términos no son originarios del mismo idioma.

Recordó que antes se decía que las academias de la lengua hablaban de defender la pureza del lenguaje, pero ahora lo que "nos interesa es la unidad de la lengua, que nos permita entendernos a todos los hispanohablantes en el mundo".

Explicó que afortunadamente las 22 academias de la lengua española han trabajado conjuntamente y de manera intensa para establecer los criterios sobre la ortografía, el léxico y la gramática, que unifiquen al español en todo el mundo.

"Lo que hacemos es trabajar para que cualquier texto que se publique se pueda entender en cualquier lugar, por eso decimos que defendemos a los hablantes", indicó.
Sostuvo que, por fortuna, las academias de la lengua tienen credibilidad y los hablantes "nos hacen caso", ya que su influencia no depende del poder político ni de los Gobiernos.

El español, agregó, no pertenece a los Estados nacionales como en el caso del portugués brasileño y el de Portugal, que tienen algunas diferencias en la escritura por decisión gubernamental.

El académico indicó que uno de los trabajos de las academias es la elaboración de una Nueva Gramática de la Lengua Española, que ya fue presentada en España y que se dará a conocer mañana en México.

Afirmó que esta Nueva Gramática es el resultado de 11 años de trabajo intenso y compendia todas las variantes del español de los países hispanohablantes, que abarca el de España, América Latina y de los grupos que lo hablan en diversos países como Estados Unidos.

Señaló que esta es la primera vez que, en una gramática académica, se explican, con rigor científico y con lujo de detalles, las diversas variedades del español americano.

"Esta obra es la descripción más completa de la lengua española, es el intento más logrado de que sea una descripción total del idioma", aseguró.
Afirmó que la Nueva Gramática no es como una novela sino una obra de consulta para especialistas, lingüistas y filólogos.

Añadió que para los lectores en general saldrá en las próximas semanas "una edición más breve y sencilla que podrá tener la gente en su casa".

Moreno de Alba recordó también la necesidad de las academias, los expertos y las fundaciones de trabajar cerca de los medios y con los productores de noticias, con el objetivo de buscar la unidad de la lengua.

"Corregir no significa dar reglazos (golpes con una regla) al que habla mal, sino ponernos de acuerdo en las mejores formas de comunicación", explicó.

domingo, marzo 28, 2010

Telégrafo ¿Y los que creyeron en el proyecto?


La censura es fuerte en El Telégrafo, autodenominado el primer diario púbico del Ecuador.

Dos capítulos vergonzosos se han escrito en el intento por desconocer la opinión personal de quienes sienten que se está poniendo en riesgo no solo el proyecto de una comunicación alternativa a los medios privados, sino de la mismísima Revolución Ciudadana.

Los involucrados están –estaban- dentro, donde, según la más reciente víctima, “no hay aguas mansas”. Interpretación que la expresó en un artículo que debía estar en la edición de este domingo 28 de marzo, pero que nunca apareció por la comedida mano del censor (“policía de contenidos”, dicen que se hace llamar)

Que por qué me importa lo que ocurra con el diario público? Pues porque si es público, es de todos – o debería serlo-.

Sobre el diario público siempre tuve dudas. Su agenda siempre estaba en torno a los ministerios, a las actividades de la cancillería, a los enlaces sabatinos. Pura agenda oficial.

Pero se merecían una oportunidad.

Conocí a más de uno de los soñadores que creían, y que siguen creyendo, en el proyecto del diario público. Tenaces defensores que se mantienen firmes en su negativa de permitir que ingrese el nuevo “periódico popular” de los Alvarado a su sala de redacción y a su rotativa. Porque el oficio que llevan en la sangre les obliga a tomar esa postura.

Ciertos Retratos me sorprendieron. Las crónicas de Espectáculo eran oportunas. Interesante enfoque deportivo. Buen intento. Pero hacía falta más tiempo en medio de toda esa corriente de agoreros del desastre.

Lamentablemente la prepotencia ha llegado para poner su parte. Esos miopes que no ven más allá de los dos o tres años que les queda en el poder, antes de regresar al mismo lugar de donde salieron: el anonimato.

Qué pena que empiece a hacer agua antes de que alcance su línea de flotación. Los agoreros estarán contentos; y los promotores del desastre ahora estarán más convencidos de que el primer diario público del Ecuador, y los que se vienen detrás, es el espacio para que se cumpla su santa voluntad, y la de nadie más.

Porque ellos son el poder.

jueves, marzo 25, 2010

¿Quién asesinó a Efrén Yaguachi?


“Mi familia son ustedes”. Era una de las frases de agradecimiento cuando recibía el pago por el lavado del vehículo que, a veces, su propietario no lo había solicitado.

Su hábitat en los últimos 17 años era los parqueaderos de la Universidad de Cuenca. Llegó de la mano de un profesor que vacacionaba en las playas de Atacames, quien pensó que acá tendría mayores oportunidades. Y en cierta manera las tuvo.

“Lleva un pantalón sucio y mojado, una camiseta que da la impresión de que algún día fue blanca, unos zapatos de tela, una cruz de madera que le cuelga del cuello y una franela roja al hombro”. Así lo describió una alumna de comunicación social, en el periódico de prácticas de la Escuela de Periodismo.

Efrén tenía unas manos enormes. Las golpeaba constantemente una con otra cuando intentaba vencer su tartamudez para contar una parte de sus penas, de su necesidad de reunir 36 dólares para la dosis de insulina que duraba tres días. Cuando tenía 6 años su madre murió por esa enfermedad, y por la pobreza; nunca conoció a su padre. De Esmeraldas se trajo “el dulce recuerdo que me dejó mi mamá: la diabetes”.

En las noches escuchaba la cajita de música que le regaló la abuela y pensaba en el hermano gemelo, de quien nunca supo nada.

Muchas veces lo encontré en los pasillos de la vieja Facultad, en cuclillas, llorando como un niño porque el cielo había descargado lluvia, y no podía lavar los vehículos. Entonces pasaba por las aulas extendiendo sus enormes manos para reunir esos 36 dólares. Y mostraba sus brazos llenos de diminutos pinchazos, como una prueba de que su necesidad era urgente.

Pero Efrén desapareció el 12 de febrero anterior y nada se supo sino hasta tres días después. Lo encontraron muerto, dentro de un saco de yute, con varias heridas en su cabeza y flotando en el río Tomebamba, cerca del puente Centenario, justo frente a la que fue su casa en los últimos 17 años. Estaba semidesnudo, con su crucifijo de madera al cuello; un diario sensacionalista tituló así la noticia: ‘Flotó en calzoncillos en el Tomebamba’.

Fue un buen hombre. Y, estoy seguro, nunca se sabrá por qué murió de esa forma. Ni quiénes fueron sus verdugos. La Policía nunca organizará una rueda de prensa para anunciar el cierre del caso; ni tampoco habrá un fiscal que sienta que aclarar ese asesinato es su responsabilidad.

Ni tampoco aquel diario sensacionalista retomará la historia, que la construyó con lugares comunes como: “Al verificar el hecho, los agentes policiales rescataron el cadáver”, “los uniformados presumen que el desconocido fue atacado primero”, “El Fiscal de turno ordenó el levantamiento del cadáver”, “Elementos de la Policía iniciaron las pericias para aclarar las causas de la muerte”.

En Cuenca hay muertes violentas que se han quedado sin una explicación convincente. Como la de Celso Fernando Freire Solano, de 52 años, asesinado en un parqueadero; o la de Walter Ludergio Escandón Ochoa, de 39 años, muerto a tiros; o la del comerciante Germánico Benigno Bravo Jara, de 61 años, asfixiado en la sala de su casa.

Nada de eso está claro. La Fiscalía está en otro capítulo y la Policía… la Policía bien, gracias.

Artículo publicado en EL UNIVERSO

martes, marzo 23, 2010

Gramática y política


Artículo publicado en El Comercio por Fernando Larenas

Si la ‘Nueva gramática de la lengua española’ hubiera circulado al mismo tiempo que los asambleístas elaboraban la Constitución de Montecristi, se habría evitado tanta palabrería, especialmente respecto al género, y el texto final sería mucho más prolijo de lo que se publicó.

Hace poco llegó a las librerías del país la versión más actualizada sobre la lengua de Cervantes que heredamos de los españoles y que, nos guste o no, le debemos gran parte de la cultura, del lenguaje y de la comunicación en general.

Son dos tomos, un total de 3 800 páginas, de las cuales nada menos que 40 son dedicadas exclusivamente al tema del género; con una premisa importante: ‘las palabras tienen género y no sexo, mientras que los seres vivos tienen sexo y no género’.

En la elaboración de la nueva gramática participaron tres ilustres ecuatorianos. Ellos son la doctora Susana Cordero de Espinosa, el doctor Jorge Salvador Lara y el académico Carlos Joaquín Córdova, autor del Diccionario de ecuatorianismos, una de las mejores fuentes para entender el origen de una infinidad de palabras de uso común en todo Ecuador.

Nada mejor que los ejemplos para entender por qué la lengua castellana es tan rica y no requiere improvisaciones tales como los ecuatorianos y las ecuatorianas, los ciudadanos y las ciudadanas o todos y todas. Los sustantivos comunes, por ejemplo, designan tanto a hombres como a mujeres. En esta clase encontramos la mayor parte de los sustantivos de personas acabados en a.

Así podemos escribir un/una atleta, un/una burócrata, un/una camarada, un/una cineasta etc. Hay otros sustantivos comunes con la terminación ista que también son comunes en cuanto al género como ahorrista, alpinista, andinista, artista, taxista, dentista, automovilista, etc.

Lo mismo ocurre con la mayoría de sustantivos de personas terminados en e. El o la detective, el o la cadete y lo mismo con otras palabras como amanuense, artífice, compinche, cómplice, cónyuge, hereje, extraterrestre, etc.

Pero hay otros sustantivos terminados en e que admiten femeninos como el/la jefe, mientras que de la misma terminación se pueden convertir al femenino. Este es el caso de alcahuete/alcahueta, infante/infanta, nene/nena.

Hay sustantivos de una sola terminación que por nada del mundo pueden ser alterados: agente, amante, aspirante, cantante, combatiente, concursante, delincuente, donante, garante, etc. Es obvio que en este caso hay que usar un modificador: el o la manifestante, el o la televidente, el o la terrateniente.

En los años setenta del siglo anterior, con el advenimiento de los movimientos feministas, se impuso esa idea absurda de todos y todas. Felizmente la gramática es incompatible con la política.

domingo, marzo 21, 2010

Cinco mil kilómetros tras la noticia


Terremoto de 8.8 grados en las escala abierta de Richter. La notica copaba los inusuales noticieros de la mañana de sábado 27 de febrero. Las alertas se dispararon y de un brinco estaba frente a mi computador en busca de más información.

La sensación que invade a quienes tenemos la formación periodística, ante hechos como este, es de urgencia. Tomo el teléfono, llamo al director de EL TIEMPO y conversamos de la urgencia que ahora ya es mutua: se trata del quinto peor terremoto de la historia. Pactamos un encuentro urgente a media mañana. No había tiempo que perder.

Internet, esa hermosa herramienta sin la cual hoy por hoy no sabríamos qué hacer en este campo periodístico, nos aclara el panorama. No hay vuelos directos a Santiago de Chile, donde un terremoto ocurrido a las 03:00 afectó la torre de control y la terminal aérea; sin embargo hay alternativas inmediatas, como el vuelo que a las 21:30 de ese sábado salía desde Tumbes con rumbo a Lima, desde donde podría transferirme en otro vuelo a Tacna, en la frontera con Chile. Y de allí en adelante ya veremos.

A las 14:00 abordo un bus directo a Tumbes, a donde debía llegar a las 20:00, lo que me daba tiempo para embarcarme en un vuelo de LAN con destino a Lima. Mientras tanto monitoreaba las noticias a través de mi computador portátil de ocho pulgadas con acceso a internet vía modem ADSL que permite enlazarse a la red desde cualquier lugar.

Pero ocurrió lo insospechado. Un aguacero muy fuerte inundó varias zonas de la ciudad, entre ellas el sector de la Feria Libre, donde el bus interprovincial perdió una hora por el embotellamiento. Además allí debía recoger a más pasajeros en medio del caos de la inundación.

Para cuando llegamos a Tumbes, las balizas de navegación del avión de LAN que tomaba rumbo a Lima, eran visibles desde el camino al aeropuerto. Un nuevo vuelo solo era posible hasta el miércoles siguiente, y la noticia no podía esperar tanto.

Debía tomar el plan B: un recorrido de 22 horas en bus hasta Lima, desde donde retomaría el proyecto inicial de los vuelos domésticos. Sólo que el primer “bus cama” partía a las 16:00 del domingo. En este punto, y en condiciones como éstas, es cuando a un reportero se le plantean decisiones fundamentales: abortar o seguir adelante. Regresar para evitar el fracaso de una empresa que implicaba la inversión de dinero y tiempo, o hacerle frente a lo desconocido en una ruta totalmente nueva.

Pero la decisión estaba tomada. Viví la angustiosa espera de ver el lento pasar de las horas hasta el tiempo de salir hacia Lima y cubrir los 1.250 kilómetros de Panamericana, bordeando las azules costas del Pacífico.

La verdad es que el viaje no es nada aburrido. El sol del atardecer ofrece un espectáculo único y uno entiende la íntima relación de los pueblos aborígenes con la pesca, el comercio a través del mar, la similitud de dos pueblos hermanos. Aunque entre reflexión y reflexión uno se distrae con las películas de extrema violencia o el insoportable reggaetón a todo volumen que en la oscuridad de la noche lo convierte al bus en una solitaria “chiva” del camino en cuyo interior no todos vamos contentos.

La ubicación de la Terminal Los Olivos, al sureste de Lima, me daba tiempo solamente para tomar un taxi rumbo al aeropuerto internacional Jorge Chávez, a donde llegué cerca del mediodía del lunes. Cuando en el counter de Peruvian Airlines consulté sobre un cupo a Tacna, en el extremo sur del país, faltaban cuatro minutos para el cierre del vuelo. Así que fui el último en abordar.

Desde los diez mil pies de altura, Perú no dejaba de mostrarse como el desierto que inició apenas dejé la provincia de El Oro. Kilómetros y kilómetros de dunas de arena; por allí una pequeña pista que calculé sería la del pueblo de Nazca. Hasta que una hora y media después, luego de atravesar otros 1.250 kilómetros, el piloto anunciaba el aterrizaje en el aeropuerto internacional de Tacna, justo en medio de la nada.

El paso de la frontera entre Tacna, al sur del Perú, y Arica, al norte de Chile por el control migratorio de Chacalluta, toma aproximadamente una hora. Por lo que la noche empezó a sorprenderme en la terminal terrestre –los vuelos estaban suspendidos hasta el miércoles próximo- en busca de un cupo por vía terrestre directo a Santiago de Chile, 2.300 kilómetros más al sur.



Pero la demanda era tan alta, pues miles querían visitar a sus familiares en las zonas devastadas por el terremoto y el tsunami, que solamente había disponibilidad para destinos intermedios. Así que fui a Iquiquie (cuatro horas de viaje); luego a Antofagasta (seis horas de viaje) y finalmente conseguí el ansiado cupo directo a Santiago (19 horas de viaje). Afortunadamente en todo este recorrido me acompañó Heinrich Böll con su reconocida obra, Opiniones de un payaso.

La tarde de aquel miércoles 3 de marzo, la primera réplica del terremoto del 27 de febrero que logré sentir fue en la Terminal Central de Santiago, justo cuando me enteraba que para llegar a la zona del epicentro faltaban 14 horas de recorrido por tierra. Si había viajado cuatro días seguidos para llegar a donde estaba, no me dejaría vencer por 519 kilómetros más sentado.



Una vez en Concepción, donde me vi rodeado de tanta desolación y destrucción, un sentimiento de angustia me invadió: parecía el final de una gran aventura, pero en realidad la tarea recién empezaba. Era como si después de cuatro días, con sus noches, dentro de un estadio, recién se escucha el pitazo inicial de este partido periodístico con los hechos como rival.



No todo es sacrificio en el oficio periodístico. Oportunidades como la cobertura del terremoto de Chile le permite a uno reencontrarse con viejos amigos y estar expuesto a su solidaridad. Como la de Cristian Cáceres, ex técnico informático de EL TIEMPO y hoy radicado en Santiago, con quien recorrimos las calles de Santiago hasta las 03:00 en su auto en busca de las historias del terremoto.

O con Mario Naranjo, colega quiteño instalado en esta capital como editor de la agencia Reuters, que a más de su amistad y consejo me brindó un paquete de sobrevivencia alimenticia y una funda de dormir. Ambos compartimos durante cuatro días y sus noches el piso de una estación de bomberos de Concepción.

O la oferta generosa de Ramiro Pellet Lastra, reportero de la Agencia Francesa de Prensa –AFP-, con quien vivimos largos recorridos en su vehículo por los puertos de Talcahuano, Tomé, San Antonio y otros. A la generosa mano de Freddy y Marcelo Jadán.

A todos ellos, muchas gracias.



Solamente dos medios escritos del Ecuador estuvieron en Chile: EL TIEMPO y El Comercio, y tres canales de Televisión: Ecuavisa, Teleamazonas y Ecuador TV, cuyo equipo viajó con el presidente Rafael Correa.

Fueron cinco mil kilómetros detrás de una noticia, y la confirmación de que toda gran travesía, empieza con el primer paso.

viernes, marzo 19, 2010

Guayaquil quichua


Por Fernando Balseca
Artículo publicado en EL UNIVERSO

Hace varios sábados el Presidente de la República increpó a aquellos mestizos porteños de clase media y alta que nunca se han sentado en la mesa familiar con un indio. Acaso para reparar en algo esta discutible omisión, a mediados de semana se revelaron detalles de la tragicomedia que protagonizaron los principales de la Junta Cívica de Guayaquil que llegaron para charlar con algunos dirigentes indígenas en la mismísima sede de la Conaie en Quito, en una visita que mezclaba el agua con el aceite y de la que se pensaba que podía surgir un gran pacto político. Este siglo XXI cambalache nos está deparando acontecimientos nunca antes vistos.

Ahora que estamos más enterados de los entredichos, quedó claro que la Junta Cívica practicó el peor de los oportunismos. Aunque dijo que trataba de brindar un respaldo total a la rebeldía de los indígenas, especialmente en lo que respecta al levantamiento anunciado, hay más de una razón para descalificar el propósito de este encuentro, pues lo que ha trascendido confirma la existencia de un sector tan recalcitrante que, incluso traicionando sus estilos de vida, está dispuesto por una vez a apoyar a los de poncho con tal de hacer más graves los aprietos en que se halla el presidente Rafael Correa. La irracionalidad va royendo cualquier ordenada convivencia.

Las personas preocupadas por el universo y la cosmovisión indígenas no tienen que volar a la capital. Si existe un genuino interés por los indígenas, basta circular por varias calles de la ciudad para comprender el desventajoso inframundo en que ellos habitan entre nosotros. Aunque solo el próximo censo podrá confirmar algunos datos empíricos que hoy se poseen, se cree que en Guayaquil habitarían más de 400 mil quichuahablantes, una cifra de mucho impacto, pues se trata de un gran conglomerado andino al pie del río Guayas, lo que debe ser asimilado como una inmensa riqueza humana y cultural que ojalá aprovechemos todos.

De confirmarse este guarismo –u otro menor, pero en todo caso muy significativo–, en el futuro cercano se podrá afirmar que la concentración quichua más grande del Ecuador está en Guayaquil. ¿Cómo han enfrentado esta realidad el gobierno local y las organizaciones cívicas? Los indígenas quichuas en Guayaquil constituyen uno de los núcleos inmigrantes más visibles y activos; sin embargo, no hemos sabido de ordenanzas que hayan establecido una acogida regulada a estos compatriotas que sobreviven en medio del aislamiento en el puerto. ¿Hay escuelas en las que se imparta la educación bilingüe? ¿Cómo se preservan la lengua y la cultura quichuas?

¿Qué sabemos de los ritos ancestrales en un espacio urbano de ilusoria modernidad? ¿Qué han hecho las universidades para redescubrir, en el mundo indígena, no solamente a cargadores de mercados y vendedores de verduras en los barrios o comerciantes de artesanías sino a emprendedores en diversos campos? ¿Qué podemos aprender los mestizos de los quichuas? Como se ve, no hay que subir aparatosamente a la Sierra para percibir la trascendencia social de los indios en Guayaquil. A nadie debería exigírsele, si no quiere, que comparta su mesa con un indio, pero se deben asegurar, eso sí, políticas públicas que hagan más vivible el lugar multicultural que define a Guayaquil.

Fotografía tomada de EL UNIVERSO

Yasuní, un ecosistema ¿con los días contados?


Artículo publicado en (o) ecco de Brasil

Fue la primera vez que compartía una asignación con mi compañero fotógrafo Francisco Ipanaqué: recorrer durante diez días la provincia de Sucumbíos, frontera con Colombia, en la zona de mayor presencia guerrillera de las FARC, en busca de zonas que puedan atraer al turismo local e internacional.

¿Propuestas de turismo en Sucumbíos? La idea me retumbó en la cabeza por la gran cantidad de noticias relacionadas con la violencia armada, precisamente en aquella zona.

Partimos desde Quito, capital del Ecuador, 14 kilómetros al sur de donde la línea ecuatorial divide en dos hemisferios al planeta. Descendimos por la cordillera oriental, pasamos al pie del Reventador, un volcán activo que en más de una oportunidad, en la última década, ha cubierto de ceniza a la capital de los ecuatorianos.


En la zona urbana y periurbana, es decir en el corazón de los asentamientos colonos en Sucumbíos y en su entorno inmediato, los efectos de la explotación petrolera eran evidentes: piscinas negras y viscosas, torres metálicas de las cuales salían enormes lenguas de fuego, vegetación reducida a una hojarasca amarillenta y seca, tubería oxidada cortando la exuberante capa vegetal desde y hasta donde se perdía la vista.

Para huir de aquel panorama, avanzamos hasta un embarcadero en el río Cuyabeno. Abordamos una pequeña panga que durante cuatro horas nos internaría hacia el este, en busca de los humedales.

Justo cuando el sonido del motor fuera de borda empezaba a adormecernos, el guía detiene la marcha; camina tambaleante al centro de la embarcación ante nuestra mirada absorta y con la mano derecha da breves golpecitos en la borda de estribor. Tras quince segundos –que fueron como horas en medio de ese infinito silencio - el melón de un delfín rosado se asoma tímidamente, emite un resoplido y nuevamente se sumerge.

La experiencia nos había dejado atónitos: ¡Cetáceos de agua dulce!

Fue como despertar del aletargamiento del viaje. En torno a nosotros ya no estaba ninguna de las dos orillas del río. La inundación rodeaba las copas de los árboles. Habíamos llegado a la reserva del Cuyabeno, vecino más próximo y hermano menor de la reserva del Yasuní, en donde está una de las biósferas más grandes y completas del mundo.

Lea el artículo completo

jueves, diciembre 17, 2009

En manos del Señor de Girón


Visto desde el primer asiento del bus de transporte urbano –cuando no voy en bicicleta uso los colectivos como aporte a la reducción de la emisión de carbono– el ingreso al barrio Totoracocha se percibe como un viaje en el tiempo, es decir, directo al pasado.

Es martes y el sector norte de Cuenca soporta los racionamientos justo el día en el que debían suspenderse. El colectivo entra en las sombras absolutas y la desorientación invade a los usuarios del bus: no hay referentes visuales sobre la parada en la que debemos bajarnos; tampoco sensación de seguridad en los tramos por los que vamos a pie hasta nuestros hogares.

Los gabinetes de belleza, restaurantes, tiendas de barrio, cines, capillas, centros de copiado, papelerías, talleres de suelda, locutorios, tiendas de ropa, abarrotes, distribuidoras de cemento, ferreterías, lavanderías automáticas (que desplazaron a las lavanderas del río), picanterías, cafeterías, estudios de fotos, pollerías… estaban cerradas o alumbradas por tímidos pabilos de vela. Involucionamos, pienso para mis adentros.

Miércoles. Nuevamente sin internet por los racionamientos. Asisto a una reunión de trabajo y me entero de que finalmente la involución es ya una realidad: un grupo de fieles católicos ha cargado en andas una imagen religiosa y se ha tomado las calles de la Atenas del Ecuador, de la culta, docta y progresista ciudad de los cuatro ríos –de piedras–, y con cánticos, responsos, loas, invocaciones, oraciones y conjuros pide al “Todopoderoso” que finalmente abra las llaves, suelte las gotas de lluvias, corra las compuertas y salve al Ecuador, salve a la patria, salve al ministro Albornoz –que es cuencano, además–.

Pero ¿por qué al Señor de Girón?

Porque equivale a la Virgen de Agua Santa en materia de erupciones volcánicas.

La imagen del Señor de Girón corresponde a un Jesús crucificado y es venerada en la iglesia matriz del cantón Girón, 37 kilómetros al sur de Cuenca. No está claro su verdadero origen, pues hay quienes sostienen que vino desde España y otros dicen que apareció en una de las orillas de la laguna Buza. Lo que sí es seguro es que no hay sequía que se resista ante su poder, especialmente cuando lo sacan en andas.

Por ello se ha ganado el sobrenombre de Señor de las Aguas, confirmando que en la época del oscurantismo, es decir de la falta de energía eléctrica, aclaro, lo paseaban por el entonces lejano y olvidado pueblo, para que convoque las aguas y salve los cultivos de las prolongadas sequías, comunes desde hace más de dos siglos.

Así que incrédulo como soy fui al centro de la ciudad y constaté –más incrédulo aún– que sí, que era cierto, el mismísimo Señor de Girón había llegado a Cuenca a pasear su poder en medio de cánticos.

“Señor, oh Dios mío;
piedad e indulgencia,
piedad e inclemencia,

piedad y perdón”, rogaba el grupo de fieles.

Y por lo menos hasta la tarde ni una gota, así que intuyo que el coro le servirá a cierto ministro para que ensaye su defensa si quiere mantenerse en el cargo.

En lo que a mí me toca, hoy retorno al programa Jueves en Bicicleta, que impulsa un puñado de aficionados al pedal, mientras el ministro y el Señor de Girón hacen lo suyo.

Artículo publicado en EL UNIVERSO
Foto de EL TIEMPO

jueves, diciembre 10, 2009

Los enemigos de la prensa


Aprovechando una soleada mañana a inicios de esta semana, recorro las calles del centro histórico, donde aun se escuchan los ecos de la celebración por los diez años de la declaratoria de Cuenca como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Allí coincido con periodistas locales con quienes intento intercambiar algunas opiniones. “A usted no lo saludo, ha sido enemigo de la prensa”, me dice la corresponsal de un diario nacional ante mi intención de saludarla. Desconcertado, solo atino a sonreír y retirarme.

Ya dentro de mi auto sintonizo una radioemisora. El locutor anuncia que “en apego al derecho de réplica vigente en la actual Constitución”, leerá un comunicado en el que un rector de colegio y un grupo de padres de familia dan su versión sobre delicadas acusaciones difundidas, en la misma emisora, una semana antes.

Entonces recuerdo el caso: hace ocho días la presentadora de noticias leyó un comunicado en el que se acusaba al rector de cobros indebidos, pese que rige una prohibición de pedir aportes a los padres de familia. La extensa nota ponía en duda el destino del dinero cobrado.

Solamente una semana después, y un poco por coincidencia, escuché la versión del acusado. En esta segunda carta pública, firmada por el rector y los directivos de los padres de familia, se exponían sus argumentos: la decisión de entregar el dinero la tomaron los propios padres de familia; hay un informe sobre el destino de los fondos que suplieron el pago de profesores especiales, etc.

No me corresponde juzgar la decisión de solicitar la colaboración de los padres de familia. Lo que sí juzgo es la ligereza con la que se trató la denuncia al presentarla solamente desde una de las partes. Y luego pretender lavar su error con el argumento de que “en apego al derecho de réplica vigente en la actual Constitución”, una semana después, se lea la aclaración. Todo estudiante de primer año de periodismo sabe que en una denuncia hay dos partes: acusador y acusado, y que ambas deben tener cabida en un mismo espacio para que los mismos lectores, radioescuchas o televidentes lean, escuchen o miren la tesis y la antítesis, y sean ellos los que saquen su síntesis. En un mismo espacio, no con una semana de diferencia. Basta que una sola persona no se haya enterado de la segunda parte del caso, para que en su imaginario quede, para siempre, la idea de que en ese colegio alguien roba algo a los padres de familia.

Y este es solamente un ejemplo.

Entiendo que para la corresponsal en mención, me volví un enemigo de la prensa por haber expuesto mi posición favorable a la regulación del oficio del periodismo. Y lo ratifico: esta actividad, extremadamente delicada, debe estar regulada. No controlada, y por el Gobierno menos.

No creo en la autorregulación, sí en la responsabilidad ulterior. A pesar de ser profesor universitario, no reivindico la colegiatura o la obligatoriedad del título de periodista; el título solo es el primer paso de una formación profunda y permanente.

Y si eso me vuelve un enemigo de la prensa, pues me declaro enemigo del periodismo mediocre.

Artículo publicado en EL UNIVERSO.

martes, diciembre 08, 2009

La vida de Vicente Tello es la fotografía


Por Giana Morocho

Las películas en blanco y negro que llegaron al estudio Ortiz, en la década de los 40, pasaron por las manos de Vicente Tello, cuando aún era un niño; o mejor como él dice -cuando era un muchachito-.

En esa época incursionó en la fotografía como ayudante de cámara de don Alejandro Ortiz.

Las películas de las que reveló decenas de imágenes en un cuarto oscuro, años más tarde se convirtieron en las compañeras de su oficio; un oficio del que hoy, más que en ningún otro momento, revela como a una fotografía sus 65 años de trayectoria artística.

Fotoperiodismo

Después de trabajar 24 años en el estudio Ortiz; Vicente Tello, saltó al fotoperiodismo.

“Trabajé primero como camarógrafo de canal 3, Telesistema. Fui operador en los controles de radio Tomebamba; luego llegué a Diario El Mercurio. De ahí pasé a diario EL TIEMPO con don Humberto Toral. Colaboré con El Comercio, El Universo y con una infinidad de revistas, que no, no las recuerdo ahora”, resume Tello, sus experiencias como reportero gráfico.

La experiencia en el fotoperiodismo lo hizo adquirir, “llamémosle roce social”, dice -entre risas- don Vicente, pero también lo hizo adquirir valores como la sinceridad y la honradez, que no solo las aplicó él, sino que las inculcó a sus seis hijos.

La fotografía de Tello es de denuncia social. En ella perennizó la vida del padre italiano Carlos Crespi, quien trajo el cine a Cuenca y solo permitió ser fotografiado por Vicente Tello, su amigo cercano.

Sus fotografías están dedicadas a los niños, a la tercera edad, “a mis colegas”, a la mujer de la ciudad y del campo. He dedicado mis fotos al alcoholismo, desde las plantaciones de caña de azúcar hasta los cadáveres alcoholizados.

Transición

Todo el bagaje fotográfico que conserva Vicente Tello en 60.000 negativos tiene una historia. Hace tres años incursionó en la fotografía digital. Su hijo Ricardo Tello, ex colaborador de este Diario, cuenta que su padre tomó un curso rápido, un fin de semana, con Francisco Ipanaque, jefe de fotografía de Diario Expreso.

Don Vichi, como lo llaman sus amigos, explica que para captar sus fotos necesita paciencia y gusto. Dice que de artista no tiene nada, sino solo la experiencia.

Anécdotas

En todos los años que a colaborado en la prensa ha tenido tentaciones, pero su trabajo le ha permitido mantener la honradez.

Tello recuerda que hizo un trabajo para una institución pública. Cuando se acercó a retirar la planilla de pago, el encargado le dijo que “siempre hacía gastitos”.

“Esperaba en la oficina y me dijo - Vichi permíteme aumentar un cerito en tu planilla-; eso era una ofensa para mi. No acepté, y respondió - ahora verás cuando te sale el cheque-. Salió en tres meses y sigo aquí, siendo el mismo, de la misma situación económica: humilde”.

Entre otras de sus memorias Don Vichi recuerda que tras el incendio de la escuela Cornelio Merchán, en María Auxiliadora, junto a su amigo Humberto Aguirre, organizó un encuentro deportivo para recaudar fondos.

“Era la presentación del siglo con números acrobáticos en las paredes incineradas. El padre Crespi me dijo Tello haz aquí no más, en una mesa de 1.50 metros de altura, me rogó y le contesté -padre vamos a presentar números acrobáticos”, relata Tello, en otrora gimnasta.

Con esta y un mil anécdotas, “yo digo que el periodismo no es para hacer dinero, sino para hacer grandes obras. A esta edad, estoy sonreído y tengo la frente en alto”, afirma Vicente Tello, de 78 años de edad.

Artículo publicado en EL TIEMPO

viernes, diciembre 04, 2009

Responsabilidades de informar y opinar


En el vértigo de la sala de redacción, siempre había tiempo para el humor y la crítica como pedagogía con los nuevos reporteros. Más de uno pensaba que estudiar cuatro años en la universidad le daba licencia para cambiar el mundo. O ser el guía de la sociedad.

Con esa intención confundían opinión con información. Se olvidaban del trabajo del reportero, del taller de carpintería donde se armaban las noticias con todos los prismas de una realidad fraccionada por las percepciones individuales de fuentes, actores y testigos.

El periódico local donde dirigíamos la redacción destinó la cuarta página del cuerpo B para el editorial y los articulistas. Por ello, cuando llegaba una “noticia” –así, entre comillas– que más parecía un artículo de opinión, le gritábamos al joven reportero: “pásala a la B4”. Era un mensaje directo, matizado con estridentes carcajadas, para obligarlo a eliminar adjetivos, tachar encabezados concluyentes y borrar cierres sentenciosos.

He reflexionado sobre este tema a propósito del perfil que han tomado, en ciertos canales, medios escritos y radios, las “noticias” –así, entre comillas– políticas, económicas y las que se vinculan con la seguridad o inseguridad ciudadana.

“Noticias” que se han tomado licencias exclusivas del periodismo de opinión, como el uso de adjetivos, encabezados concluyentes o cierres sentenciosos.

Amablemente convocado a cuidar mis principios, regresé al Consultorio Ético de Javier Darío Restrepo, en el portal web de la Fundación por el Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, en busca de certezas para mis dudas. Y encontré recetas contra los fantasmas de la regulación, que las comparto.

“Las leyes reguladoras de los medios de comunicación per se no se convierten en obstáculos para el ejercicio independiente de la profesión. Es importante considerar:

“1. Es deber de los gobiernos defender los derechos de la ciudadanía que pueden ser afectados por los medios de comunicación. Por ejemplo, el medio que convierte la noticia en mercancía y cuya prioridad predominante es el negocio, o la defensa del interés particular. En tal caso se viola el derecho ciudadano a la información.

“2. La libertad de prensa no es un derecho absoluto y debe estar al servicio de una información libre. Sus límites deben ser observados y hechos respetar por quien tiene constitucionalmente la función de defender el interés y los derechos del público.

“3. A los periodistas nadie nos da la libertad porque esta es una creación de cada persona. No son de temer tanto los gobiernos abusivos, como los periodistas incapaces de emprender cada día las tareas de consolidación de su independencia.

“4. Es una actividad necesaria la defensa de las libertades de expresión y de información, pero la invocación de estas libertades puede convertirse en excusa para ignorar o justificar los abusos desde la prensa”.

Y sobre el periodismo de opinión: “Quien opina es alguien que busca la verdad de lo sucedido, de una idea, de un personaje, de una postura política o religiosa. Lejos de cualquier posición dogmática, la opinión deja abierta la posibilidad de un diálogo con otras opiniones y corrientes del pensamiento. La columna editorial, en consecuencia, además de tolerante, hace parte de un proceso de búsqueda común de la verdad”.

Artículo publicado en EL UNIVERSO

jueves, diciembre 03, 2009

La defensora del lector y los intocables



Por Fernando Checa Montúfar
Director general de CIESPAL


Como reacción a la crítica académica y ciudadana a los medios ha ido surgiendo cada vez con más fuerza la idea de que la actividad periodística es intocable y de que aquel que ose criticarlos está automáticamente alineado con el gobierno. Un buen ejemplo de esto es el contenido de la columna dominical, del 29 de noviembre de 2009, de Ana Karina López, Defensora del Lector del Diario Hoy.

Allí comenta las cartas enviadas por Arsenio Proaño, Sara Santacruz y Nancy Obando, quienes cuestionan, como lo hicimos nosotros en un artículo, la exageración del titular y del enfoque de la nota con la que ese diario dio cuenta de la manifestación organizada por Carlos Vera, en Quito, el 26 de noviembre, en la que se calificó de “multitudinaria”, cuando según otras versiones la asistencia fue de algunos centenares.

Para López, la opinión de estos lectores no se debe a una lectura crítica de la información del diario sino que es el resultado de “la propaganda de Carondelet” con la cual “el poder ha logrado que algunos ciudadanos comulguen con su línea en detrimento de sus propios derechos (¡!). Verdadera obra prestidigitadora” (los signos de admiración son nuestros).

¿Realizar una lectura crítica es ir en contra de los propios derechos? ¿Señalar los errores periodísticos es atentar contra la libertad de expresión y por tanto contra un derecho fundamental también ciudadano? Más allá de la arrogancia que implica suponer que criticar a los medios es atentar contra los derechos ciudadanos, hay un punto preocupante en la columna de López que incumple una de las funciones básicas de la Defensoría del Lector: no analiza ni confronta la crítica de los lectores con la versión del periodista responsable de la nota para sacar conclusiones, como le corresponde hacer, sino que se dedica a deslegitimizar la opinión de aquellos argumentado subjetivamente que es el resultado del “martilleo devaluador de Rafael Correa contra los medios”; es decir, para la Defensora, la calentura está en las sábanas, el problema no es de una versión del diario cuestionada por los lectores, sino que estos, por efecto de ventriloquía más que de prestidigitación, dicen lo que Correa quiere.

Cabe recordar a López lo que hace unos 15 años escribiera el actual Subdirector de Opinión, Diego Araujo (véase Chasqui # 54, junio de 1996, p. 60), con respecto al rol del Ombudsman, cuando ocupó este cargo en el Hoy: “escuchar y examinar las quejas de los lectores, juzgar la rectitud y buen sentido de la información, fotos y gráficos del periódico (…) abogar por sus derechos a recibir una información veraz, imparcial y transparente” ¿Tuvo la información criticada esas características? Este debió haber sido el enfoque del análisis de la Defensora y no la deslegitimación prestidigitadora de los lectores.

Lea el artículo completo

La foto fue tomada de hoy.com.ec

miércoles, diciembre 02, 2009

Sí, a las calles


Por: Rubén Darío Buitrón
¿Los periodistas debemos salir a las calles para defender nuestro trabajo? Sí, definitivamente sí.

Pero, ¿salir a las calles para qué? ¿Para gritar contra el Gobierno? ¿Para rechazar el nefasto proyecto dedicado contra los medios privados y mal llamado “proyecto de Ley de Comunicación”?

Salir a protestar es un derecho de todos los ciudadanos que sienten amenazadas sus libertades. Y las calles son el espacio más idóneo para expresarse cuando el poder político cierra los espacios de debate y deliberación.

Pero, ¿a los periodistas nos compete desfilar levantando carteles antipoder o gritando consignas? No lo creo.

A los periodistas nos compete hacer periodismo, no militancia partidista. Es la mejor manera de preservar nuestra autoridad crítica.

Porque el periodismo sería mejor si saliéramos a las calles a rehacer nuestras rutinas, a penetrar en lo más hondo del tejido social y a contar la vida desde ahí.

Estaría en mejor nivel si muchos reporteros no pasaran buena parte de su tiempo encerrados en el teléfono en busca de analistas, expertos y todólogos para que llenen de opiniones las noticias.

Estaría en un mejor nivel si muchos reporteros de la prensa gobiernista no pasaran buena parte de su tiempo recorriendo los pasillos de la burocracia en busca de frases prefijadas sin contrastar fuentes ni ejercer la duda.

Otro sería el nivel si muchos reporteros de la prensa “privada” dejaran de buscar intérpretes de la verdad y contaran los hechos directamente con el pulso que solo puede expresar la cotidianidad social.

Si hiciéramos un trabajo más riguroso, profundo, contextual, preciso y apegado a los hechos quizás pudiéramos recuperar los espacios de credibilidad que han sido demolidos por la campaña semanal del presidente Correa contra los medios y los periodistas que no se subordinan a él.

Sí, hay que salir a las calles.

Pero salir para mezclarse entre la gente, vivir lo que vive la gente de la calle, oler, gustar, tocar, mirar, escuchar la vida de la calle y de la gente.

Salir para desubicarnos, asombrarnos y perder las certidumbres, para no sujetarnos a un libreto monótono y circular, para encontrar nuevas fuentes, para saber en qué anda la gente, de qué está hablando, qué le interesa conocer, aprender, decir, compartir.

Hay que salir a las calles porque nuestro deber es acompañar a la sociedad en sus procesos, sin que deba importarnos si esos procesos van contra nuestra manera de entender la realidad.

Desde el periodismo podríamos empezar nuestra propia revolución mediática, una revolución que implica cuestionarnos más, autocriticarnos más, ser más tolerantes y humildes, dejar arrogancias y soberbias, leer mejor el país.

En las calles está la vida. Caminarlas y sentirlas es, para un periodista, la mejor manera de estar cerca de la gente y lejos, muy lejos del poder. De cualquier poder.

Artículo publicado en EL COMERCIO

lunes, noviembre 30, 2009

El patrimonio en las fotos de Vicente Tello


Fue domingo, día de fútbol. No había otro motivo para -a mediados de la década de los años 60- “bajar” al sector del estadio. No recuerda quiénes se enfrentaron ni el resultado final. Solo que antes y después del partido el Restaurante de Mama Guada, en las avenidas Doce de Abril y Solano, estaba repleto de hinchas que buscaban una porción de caldo de patas, “el mejor del territorio nacional”.

Fue una acción instintiva: subió las escalinatas, tomó un descanso; sacó su cámara, enfocó esa enorme casa de dos pisos y seis balcones frente a la orilla derecha del río Tomembamba, y captó la escena que hoy, cuarenta años después, es un hito del patrimonio que no fue, que se perdió para siempre, que está en la memoria de una generación de la que quedan pocos.

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La Fiscalía “recoje” versiones


Por Marco Tello
Desde luego, el error ortográfico no corresponde al título de este comentario, sino que reproduce el encabezamiento de la noticia que traía un diario de circulación nacional este mes de noviembre. Si el error en un medio de comunicación acreditado por su rigor pasó inadvertido al apurado redactor y al corrector de pruebas, es probable que también lo haya pasado así a los apresurados lectores, puesto que el ojo tiende a captar en una sola fijación la masa de letras en negrita que preside las informaciones dispuestas en una sola columna.

Es natural que dudemos entre la g y la j en el momento de escribir algunas palabras exigidas de pronto por el contexto de una información. Confiados a nuestra experiencia, es frecuente que no tengamos el cuidado de acudir humildemente al diccionario. Pero ya que las palabras vuelan y sólo la escritura permanece, según aseguraban los latinos, resulta siempre provechoso, al poner por escrito las ideas, pulsar una que otra norma ortográfica grabada en el disco duro del cerebro.

Tienen mucha razón quienes afirman que la complicada ortografía del español no se aprende con reglas, sino mediante la atenta lectura y la escritura constante; pero también es verdad que no es fácil dominarla sin ellas, sobre todo cuando se trata de un mismo sonido para el cual disponemos, en la escritura, de letras diferentes. El error que comentamos obedece posiblemente a que en el cerebro del periodista resonaba la palabra “recoge” con el mismo sonido de enoje, moje, arroje, desaloje, etc. La duda se hubiera disipado con recordar una regla de oro que antes se enseñaba en las escuelas y ahora se la repite casi en vano en colegios y universidades, según la cual los verbos terminados en “ger” (excepto tejer y sus compuestos) se escriben con j, salvo si el sonido precede a las vocales “o”, “a”; así: recogía, recogiera, recogería, recoge, recojo, recoja. Los otros verbos enunciados en la serie de ejemplos no terminan en “ger” sino en “jar” (enojar, mojar, arrojar, desalojar).

Por pereza o por desmedida confianza en los recursos informáticos, solemos restarles valor a ciertas normas aplicables con facilidad cuando se nos presentan dudas en el acto de escribir. Tan provechoso como ayer, resultaría volver hoy a los ejercicios escolares para evitar errores que pueden convertirse en horrores.

Artìculo publicado en EL TIEMPO

viernes, noviembre 27, 2009

Examen

1.- Redacte una entrada de 200 palabras sobre el tema de las marchas contra la nueva ley de comunicación que se entregó en la Asamblea Nacional; utilice recursos multimedia.

2.- En un buscador identifique el tema “Radios en la red toman fuerza”. (El Universo, 17 / IX / 2009) Elabore una entrada multimedia de extensión libre.

3.- Las direcciones de las dos entradas las debe enviar al correo teo_tello@hotmail.com con los siguientes datos:

Nombre
Ciclo
Mención


Se considerarán solamente los trabajos enviados entre las 18:45 y las 19:00.

jueves, noviembre 26, 2009

Vicentello y el patrimonio que no fue



Un fino polvillo es el primero en darnos la bienvenida. Está acompañado del olor de las fotografías conseguidas artesanalmente con el procedimiento químico del metol, el sulfito, la hidroquinona. Olor al que estábamos acostumbrados cuando ayudábamos a nuestro padre a procesar los formatos mayores, porque un par de manos era insuficiente en el pequeño laboratorio artesanal que aún subsiste al paso del tiempo y al embate tecnológico.

Una a una, de las cajas con el sello Agfa, extraemos viejas fotografías en blanco y negro y seleccionamos las mejores, las que recogen el testimonio arquitectónico de la Cuenca Colonial, de la ciudad Republicana, de los espacios que estarán ausentes el 1 de diciembre, cuando los cuencanos celebren diez años de la declaratoria de la urbe como Patrimonio Cultural de la Humanidad, por parte de la Unesco.

Y una sensación de angustia nos invade cuando descubrimos los testimonios de lo que fue la Atenas del Ecuador en las décadas del 60, 70 y 80. Angustia al observar cómo una cuadrilla de trabajadores derruye, adobe tras adobe, el primer edificio de la Gobernación, inicialmente diseñado por el arquitecto y sacerdote alemán Juan Stiehle, el mismo que concibió los planos de la Catedral Nueva y construyó puentes y varias de las 602 estructuras inventariadas por el Municipio por su valor arquitectónico, tras la declaratoria de la Unesco.



Y la angustia se transforma en impotencia al descubrir que donde hoy están los edificios multifamiliares del IESS, en la plataforma baja sobre la que se asienta la ciudad moderna, había una enorme casa de dos pisos, construcción de tierra y bahareque, y cubierta de teja, con seis balcones hacia la orilla derecha del río Tomebamba, que al momento de apretar el obturador quedó inmortalizado con un generoso caudal de aguas cristalinas. Y la impotencia se vuelve resignación al ver los huertos del monasterio de El Carmen de la Asunción, fundado en 1682, que ocupaban toda una manzana, aislados del mundo exterior por unas elevadas y gruesas paredes de más de un metro de espesor. Huertos que fueron desplazados por hoteles, tiendas comerciales, notarías y oficinas de abogados, en pleno corazón del centro histórico, junto a la tradicional Plaza de las Flores.

Todas estas fotografías integran una colección particular de Vicente Tello Tapia, Vicentello, fotoperiodista de amplia trayectoria en Cuenca y poseedor de uno de los muchos testimonios gráficos sobre la riqueza arquitectónica de una ciudad que guarda la traza española con la que fue fundada el 12 de abril de 1557, y que le valió el título de la Unesco.

Lo que queda de relevante en la tierra de los cuatro ríos se debe en gran parte a la gestión del movimiento Acción Cívica, vinculado en la década de 1960 a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca, que se enfrentó a los intereses de grupos que no entendían la importancia del patrimonio edificado, y que confundieron desarrollo con desarrollismo.

El próximo mes, los ciudadanos se vestirán de gala para recibir la primera década de la declaratoria. Definitivamente en la agenda falta un espacio de autorreflexión de los organismos responsables de mantener la memoria histórica urbanística.

Artìculo publicado en El Universo