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jueves, septiembre 16, 2010

Los medios en el medio: 30 minutos para entender el caso argentino

Definitivamente, los taxistas son los verdaderos oráculos de las laberínticas calles de una ciudad a la que queremos descubrir.

En una de las calles de Buenos Aires, mientras buscábamos una confitería donde se pueda tomar una clase de tango, pregunté al taxista: ¿cómo interpreta usted la ley de medios aquí en Argentina?

"Mire, antes, para ver los goles que un viernes le hacía Boca a River, en la televisión de señal abierta, debía esperar hasta el martes; hoy los podré ver en directo. No ve que el Grupo Clarín tenía los derechos y la prohibición para que se transmitan en señal abierta?"
Si usted es periodista -o pretende serlo algún día- dedíquele 30 minutos de su vida para mirar esta producción y sus revelaciones.

I









II









III







jueves, julio 15, 2010

Cuenca, en la inseguridad absoluta


Foto tomada de GUA 3.0

Que Cuenca es una urbe segura “para propios y extraños” es hoy por hoy una percepción que pocos se atreven a defender.

Pruebas al canto. En el pasado feriado de Semana Santa varios delincuentes vaciaron, literalmente, las bóvedas del Monte de Piedad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, IESS, donde 3.200 personas tenían sus joyas como garantía de los préstamos que ofrece la entidad. Se calculó que el monto del perjuicio llegaba a 2,7 millones de dólares, por 6.136 garantías prendarias. Los delincuentes dejaron su seña particular: perforaron con martillos neumáticos cuatro paredes en una operación que no dejó rastros de sus autores y sin espacio de reacción para policías ni representantes de la institución. Hasta hoy nada está claro.

Y como si ello fuera poco, en el Día del Padre un robo similar ocurrió en una conocida joyería del Centro Histórico –por la forma de operar seguramente se trató de la misma banda–. Desde una oficina colindante perforaron dos paredes y se llevaron 3.000 gramos de oro en joyas trabajadas. Esta operación fue más audaz, ocurrió a 50 metros del Comando del III Distrito de Policía y los cacos tampoco dejaron huellas ni espacio de reacción para los responsables de ofrecer seguridad a los ciudadanos.

Claro que en rigor se debe explicar que entre robo y robo, a diario, los asustados habitantes de la otrora pacífica ciudad soportan constantes asaltos a mano armada, estruches, secuestros express, extorsiones, estafas, agresiones, etcétera.

Un reciente caso recordó a las autoridades provinciales que el tema de la inseguridad se mantiene intacto, que sus víctimas no olvidan, que la tarea no está hecha. El sábado 3 de junio una banda de delincuentes irrumpió en una agencia bancaria y tras llevarse los depósitos protagonizaron una huida en la que tomaron como rehén a Carlos Salamea Chaca, ciudadano de 64 años que aquella mañana fue secuestrado con su vehículo por los bandidos, cuando regresaba a su domicilio.

Salamea cayó en el enfrentamiento entre la Policía local y los ladrones, y aunque se le quiso vincular con ellos, el representante del Gobierno en el Azuay admitió esta semana que fue una víctima inocente de las balas policiales, y ofreció a nombre del Estado una indemnización.



(Claro que ese desagravio post mórtem quedará en los límites de la ciudad, pues al día siguiente del asalto el diario Extra publicó una descarnada fotografía de Salamea tendido en el piso, abaleado y empapado en su propia sangre, imagen acompañada de un burdo pie de foto que lo involucraba como cómplice de los delincuentes. Aquella mañana la familia Salamea seguramente creyó ver a una amenazante serpiente que salía de esas páginas para conminarles a que demuestren la inocencia de Carlos. Para el resto del país, él será por siempre un delincuente que cayó en su propia ley).

La demanda de seguridad de parte de los ciudadanos no tiene plazo. Quienes sí están condicionados a cumplir con sus obligaciones son los integrantes del Consejo de Seguridad, que bastante dinero manejan por los recargos en los servicios públicos, y los de la Policía, que hoy tienen hasta un helicóptero para patrullar la ciudad. No responder a esta demanda los desnudará como incompetentes.

Para ellos no hay otro adjetivo.

Artículo publicado en EL UNIVERSO

jueves, diciembre 10, 2009

Los enemigos de la prensa


Aprovechando una soleada mañana a inicios de esta semana, recorro las calles del centro histórico, donde aun se escuchan los ecos de la celebración por los diez años de la declaratoria de Cuenca como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Allí coincido con periodistas locales con quienes intento intercambiar algunas opiniones. “A usted no lo saludo, ha sido enemigo de la prensa”, me dice la corresponsal de un diario nacional ante mi intención de saludarla. Desconcertado, solo atino a sonreír y retirarme.

Ya dentro de mi auto sintonizo una radioemisora. El locutor anuncia que “en apego al derecho de réplica vigente en la actual Constitución”, leerá un comunicado en el que un rector de colegio y un grupo de padres de familia dan su versión sobre delicadas acusaciones difundidas, en la misma emisora, una semana antes.

Entonces recuerdo el caso: hace ocho días la presentadora de noticias leyó un comunicado en el que se acusaba al rector de cobros indebidos, pese que rige una prohibición de pedir aportes a los padres de familia. La extensa nota ponía en duda el destino del dinero cobrado.

Solamente una semana después, y un poco por coincidencia, escuché la versión del acusado. En esta segunda carta pública, firmada por el rector y los directivos de los padres de familia, se exponían sus argumentos: la decisión de entregar el dinero la tomaron los propios padres de familia; hay un informe sobre el destino de los fondos que suplieron el pago de profesores especiales, etc.

No me corresponde juzgar la decisión de solicitar la colaboración de los padres de familia. Lo que sí juzgo es la ligereza con la que se trató la denuncia al presentarla solamente desde una de las partes. Y luego pretender lavar su error con el argumento de que “en apego al derecho de réplica vigente en la actual Constitución”, una semana después, se lea la aclaración. Todo estudiante de primer año de periodismo sabe que en una denuncia hay dos partes: acusador y acusado, y que ambas deben tener cabida en un mismo espacio para que los mismos lectores, radioescuchas o televidentes lean, escuchen o miren la tesis y la antítesis, y sean ellos los que saquen su síntesis. En un mismo espacio, no con una semana de diferencia. Basta que una sola persona no se haya enterado de la segunda parte del caso, para que en su imaginario quede, para siempre, la idea de que en ese colegio alguien roba algo a los padres de familia.

Y este es solamente un ejemplo.

Entiendo que para la corresponsal en mención, me volví un enemigo de la prensa por haber expuesto mi posición favorable a la regulación del oficio del periodismo. Y lo ratifico: esta actividad, extremadamente delicada, debe estar regulada. No controlada, y por el Gobierno menos.

No creo en la autorregulación, sí en la responsabilidad ulterior. A pesar de ser profesor universitario, no reivindico la colegiatura o la obligatoriedad del título de periodista; el título solo es el primer paso de una formación profunda y permanente.

Y si eso me vuelve un enemigo de la prensa, pues me declaro enemigo del periodismo mediocre.

Artículo publicado en EL UNIVERSO.

miércoles, diciembre 02, 2009

Sí, a las calles


Por: Rubén Darío Buitrón
¿Los periodistas debemos salir a las calles para defender nuestro trabajo? Sí, definitivamente sí.

Pero, ¿salir a las calles para qué? ¿Para gritar contra el Gobierno? ¿Para rechazar el nefasto proyecto dedicado contra los medios privados y mal llamado “proyecto de Ley de Comunicación”?

Salir a protestar es un derecho de todos los ciudadanos que sienten amenazadas sus libertades. Y las calles son el espacio más idóneo para expresarse cuando el poder político cierra los espacios de debate y deliberación.

Pero, ¿a los periodistas nos compete desfilar levantando carteles antipoder o gritando consignas? No lo creo.

A los periodistas nos compete hacer periodismo, no militancia partidista. Es la mejor manera de preservar nuestra autoridad crítica.

Porque el periodismo sería mejor si saliéramos a las calles a rehacer nuestras rutinas, a penetrar en lo más hondo del tejido social y a contar la vida desde ahí.

Estaría en mejor nivel si muchos reporteros no pasaran buena parte de su tiempo encerrados en el teléfono en busca de analistas, expertos y todólogos para que llenen de opiniones las noticias.

Estaría en un mejor nivel si muchos reporteros de la prensa gobiernista no pasaran buena parte de su tiempo recorriendo los pasillos de la burocracia en busca de frases prefijadas sin contrastar fuentes ni ejercer la duda.

Otro sería el nivel si muchos reporteros de la prensa “privada” dejaran de buscar intérpretes de la verdad y contaran los hechos directamente con el pulso que solo puede expresar la cotidianidad social.

Si hiciéramos un trabajo más riguroso, profundo, contextual, preciso y apegado a los hechos quizás pudiéramos recuperar los espacios de credibilidad que han sido demolidos por la campaña semanal del presidente Correa contra los medios y los periodistas que no se subordinan a él.

Sí, hay que salir a las calles.

Pero salir para mezclarse entre la gente, vivir lo que vive la gente de la calle, oler, gustar, tocar, mirar, escuchar la vida de la calle y de la gente.

Salir para desubicarnos, asombrarnos y perder las certidumbres, para no sujetarnos a un libreto monótono y circular, para encontrar nuevas fuentes, para saber en qué anda la gente, de qué está hablando, qué le interesa conocer, aprender, decir, compartir.

Hay que salir a las calles porque nuestro deber es acompañar a la sociedad en sus procesos, sin que deba importarnos si esos procesos van contra nuestra manera de entender la realidad.

Desde el periodismo podríamos empezar nuestra propia revolución mediática, una revolución que implica cuestionarnos más, autocriticarnos más, ser más tolerantes y humildes, dejar arrogancias y soberbias, leer mejor el país.

En las calles está la vida. Caminarlas y sentirlas es, para un periodista, la mejor manera de estar cerca de la gente y lejos, muy lejos del poder. De cualquier poder.

Artículo publicado en EL COMERCIO

sábado, noviembre 14, 2009

¿Nos da una oportunidad, señora Carrillo?


La premura de la Asamblea Nacional por aprobar proyectos de ley, como el de comunicación, es una de las responsables de excluir del debate, democrático y participativo, a personas e instituciones que no estamos en ninguno de los dos polos centralistas del Ecuador: Quito y Guayaquil.

De todas formas, y pese a exclusiones y apuros, la Escuela de Comunicación de la Universidad de Cuenca ha decidido dedicar generosos espacios –sin afectar el desarrollo académico de los estudiantes de periodismo y relaciones públicas– a una discusión aguda sobre lo que debería ser una ley de comunicación que garantice, entre otros aspectos, el libre acceso a la información y sus fuentes; la no censura previa de los contenidos; la responsabilidad ulterior de los comunicadores en la emisión de noticias; la obligatoriedad de los medios de comunicación de garantizar la participación remunerada de pasantes provenientes de las escuelas de periodismo; la defensa del ejercicio profesional del periodista…

Y este proceso no es nuevo. Desde hace varias semanas, por iniciativa de un grupo de estudiantes y docentes, los tres proyectos de ley propuestos por Panchana, Tibán y Montúfar, fueron analizados en las aulas, gracias al apoyo de diario El Comercio que entregó 400 ejemplares impresos de los tres proyectos de ley. Cada docente discutió, analizó y procesó los artículos, hasta que trascendió que las tres iniciativas se habían diluido y la Comisión Ocasional de Comunicación trabajaba “contrarreloj” para montar un nuevo proyecto que deberá estar terminado, aprobado y santificado hasta el 20 de noviembre.

Los acuerdos a los que se han llegado en las aulas resultan interesantes, aunque también han dejado dudas. Como por ejemplo: ¿Sumarse como Universidad con sus aportes al proyecto, se interpretaría como un aval a una ley de la que se sospecha pretende amordazar a los medios que no se alineen con el régimen de turno?

¿Evadir la responsabilidad, y el derecho, de expresar opiniones desde la cátedra y enriquecer el proceso de elaboración de la ley de comunicación, a futuro puede pasar a los involucrados una onerosa factura ante la inevitable aprobación del proyecto regulador de los medios de comunicación?

¿Oponerse a la ley, por considerarla un proyecto mordaza, perennizaría la “patente de corso” que ciertos medios y periodistas se toman para vivir del oficio, poniéndolo al servicio de sus intereses y dejando al ciudadano común a expensas de los atentados a la honra ajena?

Las jornadas de reflexión han reparado, además, en la necesidad de ejercer un periodismo responsable, preciso, exacto, riguroso, responsable, como la mejor estrategia contra cualquier proyecto de ley que posteriormente puede tornarse en un instrumento de presión desde el poder contra la prensa independiente.

Lamentablemente, apremiados por la misma celeridad impuesta por la Comisión, no se logró reunir al resto de universidades cuencanas para fomentar una discusión integral de los temas que se propondrán a la Comisión Ocasional.

Hoy y mañana se realizarán las dos últimas instancias para definir la propuesta definitiva desde los estudiantes y docentes; esperamos redactarla hasta la próxima semana.

La cátedra cuencana se merece la oportunidad de que su opinión se incluya en la ley. Y eso depende de su voluntad, señora Carrillo
Artículo publicado en EL UNIVERSO y EL COMERCIO.

lunes, octubre 19, 2009

Periodista argentino


Sin generalizar, pero parece que ciertos periodistas argentinos son un verdadero ejemplo de lo que no debemos ser ni hacer.

El escenario: la sala de prensa en el recinto La Rural, en Buenos Aires, Argentina.
El motivo: el XIII Congreso Forestal Mundial.
Los actores: cuatro periodistas de medios argentinos. Y uno ecuatoriano.

Escena I

Cuatro periodistas argentinos inician una bulliciosa jornada en la sala de prensa. Abren sus buzones de correo y empieza el intercambio.

- Mirá lo que me shegó…una invitación a la Patagonia todo pagado tres días…¿Te anotás?, pregunta el más histriónico al más joven.
- Sha lo tengo, lo confirmé asher…responde sin dejar de hurgar en su buzón.

Escena II

Un tercer periodista, de ojos azules y traje informal, increpa a los dos:

- A mí no me shegó…me lo pasás…(luego de unos minutos) Por qué me lo pasás si está a tu nombre?
- Pará, pará…mirá lo que tengo acá; una invitación para barco en Puerto Madero; gratis y lunch a bordo…hay que confirmarlo hasta hoy…

- Me lo pasás..? le dice del otro lado de la mesa el más joven.
- No, mejor vení y lo copiás…le responde.
- Pasála loco; sho también puedo confirmar…dice el más lacónico.

Interviene una tercera periodista, dirigiéndose a un guardia de seguridad.
- Vení…vení; cómo hago para imprimir..?
- Lo tiene que copiar, sin cortar, y luego lo pega en una hoja Windows…los equipos están en línea y la impresora es solo una…está ashá…dice muy respetuoso.
- Y cómo sabés tanto..? le increpa…
- Fui a la escuela…aunque lo que me enseñaron sha lo sabía…responde.
- Bueno…sho también lo sabía…solo que fui unos años a trabajar en radio y no he practicado…dice mirándome directamente a los ojos, ahora que yo ya he perdido la concentración en mi artículo.

Escena III

Tres ciudadanos koreanos ingresan a la sala de prensa. Sonreidos y en medio de reverencias con la cabeza, entregan folletos turísticos y una invitación para que visiten el estante Bonghwa Gun sobre forestación en Korea.
Antes de irse entregan unas pequeñas cajas con un sutil detalle dentro: una máscara tallada en madera.

Al descubrir el detalle, dos de los cuatro argentinos saltan de la mesa e interceptan al grupo de koreanos que ya se retira.
- Sho tengo hijos…sho tengo hijos…dice uno de ellos exigiendo otra cajita.
- Una más para mi compañera…dice el otro. En total cada uno obtiene tres cajas extras.

Los koreanos sonríen, pero admirados y sin gracia.

- Y bueno…es para mi compañera…dice uno de los periodistas argentinos ante mi mirada acusadora.
- Sho voy para ese estante…me acompañás…dice el más locuaz y los dos restantes le siguen.

Mientras la periodista de radio lucha contra la tecnología más simple del Control C, Control V, salgo por un café. Cuando regreso no hay nadie; solamente los folletos de Forest de Bonghwa Gun sobre la mesa.

Camino hasta un restaurante en Corrientes. Pido un cubano y tomo el ejemplar del día de Clarín. La nota que más me llama la atención me quita el apetito: Medios: la oposición resiste el apuro Kirchnerino por el órgano de control.

Ah…es la ley de medios aprobada en Argentina recientemente. Seguro que los cuatro periodistas estarán de acuerdo en defender la libertad de expresión…pero luego de que consigan más recuerdos para sus hijos y se registren en todas las invitaciones que su “apretada agenda mediática” les permita.

Cae el telón.

* En la foto, el más lacónico se va con sus regalos.