martes, junio 17, 2008

La carta



He recibido una carta, tímidamente grapada y sin sobre, dejada en la garita del Diario. La firma un "periodista página policial" (sic) llamado César Padilla, que asumo, no me consta, es el autor de un par de notas que he propuesto para un foro de discusión tanto en este blog como en el aula virtual de la Universidad Técnica Particular de Loja, UTPL, sobre el vicio de no consultar a las dos fuentes involucradas en casos de confrontación.
Mi afán, en este espacio, es que sigamos aprendiendo, con humildad. Por ello, en anteriores foros he ejemplificado con mis propios errores, porque no quiero dar la impresión de ser un experto en el oficio. La intención es que reflexionemos juntos.
Deduzco que el señor Padilla no ha logrado visualizar esta página, o dejar un comentario, y por ello envió la carta en papel.
Este es un tema que actualmente lo tratamos en un foro de la UTPL: los nuevos medios y la tecnología al servicio de los periodistas. Interesantes aportes y un solo consenso: no debemos tenerle miedo a la tecnología, debemos asumiarla y ponerla a nuestro servicio.
Pero no nos alejemos del tema. Como hay que aprender de todo, dejo constancia a continuación de las lecciones que me ha ofrecido la misiva del licenciado Padilla:
- Dice que le agrada saber que soy uno de los 23 mil lectores diarios de El Mercurio, y que "su diario -EL TIEMPO- nunca lo leo". Sí, en realidad admito que lo primero que leo, y a veces la noche anterior en la página WEB, es El Mercurio, pues lo asumo como una obligación de mi parte. Todos debemos leer los periódicos de la región no solo por el hecho de que somos competencia, sino por una obligación moral con nuestros lectores y nuestra propia formación.
- Dice que está conciente de que la competencia es buena y por ello: "espero que pongan todo empeño tratando de superar mi página, ese seria un reto para mi. Es aburrido ser siempre el primero siempre y en todo". (sic) Esto me parece arrogante, pues, como dice el escritor y periodista Rubén Darío Buitrón, no hay competencia pequeña y siempre hay que tenerle respeto.
- Dice que una cobertura hecha en un incendio está en un concurso de periodismo de alto riesgo en Bolivia. y que "está entre los finalistas". En este caso recomiendo leer el comentario "El premio del periodista es su trabajo" que está en esta misma página.
Finalmente, y eso prefiero comentarlo en otro espacio más amplio, se refiere a una aclaración pública realizada en este Diario por un grave error de una periodista. Aquí le doy la razón: no hay que echar las culpas de nuestros males a otros. Cuando un periodista se equivoca, el primer responsable es el periodista que deslizó el error. Lo dice Àlex Grijelmo.
Esta contestación no es porque se trate del señor Padilla, a quien no conozco, sino porque la carta nos da otra oportunidad de seguir aprendiendo.

Y usted qué opina?

miércoles, junio 04, 2008

El conflicto colombiano y los medios


El periodismo colombiano –algunos medios del periodismo colombiano- sigue convencido y sin dudas de la certeza de los hechos en el tema del computador de alias Raúl Reyes. Al menos eso lo dejaron ver dos periodistas de esa nacionalidad, que en dos jornadas distintas hablaron sobre el tema del conflicto Ecuador-Colombia en la Fundación El Universo, en Guayaquil, y en la Universidad Andina Simón Bolívar, en Quito.
María Alejandra Villamizar, editora política de la revista Semana, y Salud Hernández-Mora, columnista del diario El Tiempo de Bogotá y corresponsal del diario El Mundo de España, compartieron el foro en Guayaquil con la directora de la Fundación El Universo, Nila Velásquez, y con el editor general de EL TIEMPO de Cuenca, Ricardo Tello.
Tanto Villamizar como Hernández-Mora contaron los detalles que muchas veces solamente se quedan en lo anecdótico del ejercicio profesional: la ediciones especiales, las composiciones fotográficas, las decisiones editoriales al filo de la hora de cierre, precisamente cuando ocurre un hecho como el de la dimensión que tuvo el bombardeo al campamento de las FARC en Angustura, provincia de Sucumbíos, en el que murió el número dos de las FARC, alias Raúl Reyes.
Y contaron también sobre las implicaciones de no hacer “una pausa en medio del vértigo”, como el hecho de haber dado un gran despliegue al recibimiento “como héroe” del cadáver del único soldado colombiano muerto en dicha incursión colombiana, y luego enterarse que el solado no murió en combate, sino porque le cayó un árbol.
Por su parte, tanto Nila Velásquez, que actuó a la vez como moderadora, como Ricardo Tello, ahondaron en el tema de la responsabilidad de informar sin alinearse con tesis o manifestaciones de patrioterismo.
“Los países en conflicto requieren la verdad de lo que está sucediendo, por encima de cualquier otra cosa y cualquier otro interés…cuando se producen esas crisis la opinión pública tiende a radicalizarse y el nacionalismo se vuelve una enfermedad muy peligrosa porque distancia posiciones y no ayuda al diálogo ni a la paz”, dijo Tello citando una entrevista realizada por Rubén Darío Buitrón al periodista colombiano Javier Darío Restrepo a propósito de la publicación, en El Tiempo de Bogotá, de una fotografía de un activista argentino al que lo confundieron con el ministro Gustavo Larrea, junto a Raúl Reyes.
Al día siguiente de la publicación, que fue distribuida en Washington durante una comparecencia de los cancilleres de ambos países para tratar la crisis por el bombardeo, El Tiempo de Bogotá reconoció que no confrontó la información y admitieron que fue un “error que afectó la tesis colombiana”, lo cual demostraba que había asumido posición.
Al final del foro en Guayaquil quedaron muchas dudas flotando en un auditorio, que estuvo compuesto más por lectores que por periodistas y expertos en el tema de comunicación. Un auditorio que no se inmutó cuando Villamizar mostró la portada de la edición en la que trataron el tema de los computadores: Raúl Reyes sentado en medio de la selva con su brazo derecho apoyado en una rústica mesa de madera y sobre ella una flamante computadora portátil en cuya pantalla se mostraba una de las cartas que supuestamente dirigidas a sus aliados.
Auditorio que no se inmutó pesa a que esta composición era un ¡montaje fotográfico!

miércoles, mayo 21, 2008

La pornomiseria

¿Vieron a la reportera de Ecuavisa, Ximena Gilbert, practicando un poco de pornomiseria en el noticiero matinal al tratar el tema de la inseguridad en la Isla Trinitaria?

Fue realmente ofensivo. Un reporte de las "condiciones de miseria en la Isla Trinitaria", en Guayaquil, en el que sin permiso se coló dentro de una vivienda e hizo un relato trágico de "las miserables condiciones" en las que vive una familia del sector.

"Y aquí podemos ver apenas una cama, el piso es de tierra, como ustedes ven no hay qué comer en la alacena", fueron entre otras las frases del relato que acompañaban a los "paneos" de cámara, ante una impotente señora que debía soportar la forma pública en la que le estaban ventilando "las miserables condiciones" en la que vive.

Con seguridad parecía el reflejo de muchísimas viviendas y hogares ecuatorianos pero recién "descubiertos" por la reportera en este sector marginal.

La pornomiseria es una de las formas más inhumanas de hacer periodismo: valerse de la ingenuidad de las personas simplemente por el afán de mostrar un poco de miseria. Mostrar por mostrar, nada más.

Y en medio de toda esa miseria, la reportera pregunta a la avergonzada mujer que cuántas veces le han robado dentro de su casa de caña. Esto para reforzar un poco el ambiente de inseguridad que vive el sector y que fue el que originó la nota ¿periodística?

Definitivamente muchas veces somos reproductores de prejuicios...

viernes, mayo 16, 2008

El escudo de Felix Narv?ez


Sí.
Fue el mismísimo Felix Narváez que años atrás hizo una nota sobre un supuesto cambio de imagen de Wilfrido Lucero, entonces presidente del Congreso Nacional, afirmando que para ello utilizó recursos del Estado, el que ha levantado la polémica. El mismo que por su ligereza obligó al canal de televisión Ecuavisa a aclarar dicha "información" porque no se trataba de un cambio de imagen, sino de las consecuencias de las sesiones de radioterapia a las que el político se sometía para combatir un cáncer.
Ahora, con su estilo atrevido que tanto mal ha hecho a la televisión ecuatoriana, apoyado en recursos gráficos de mal gusto, ha agitado el avispero de lo público al "interpretar" -argumento con el que lo ha querido justificar su colega Carlos Vera- los datos obtenidos en una rueda de prensa a la que no asistió y en la que un grupo de ciudadanos, junto a la asambleísta Tania Hermida, hablaron sobre la necesidad de debatir ciertos cambios en los símbolos patrios.
Y en la nota en la que "interpreta" lo expuesto en la rueda de prensa a la que no asistió, se atrevió a diseñar su propio escudo, el símbolo patrio en la perfecta medida de su capacidad de interpretación.
Y como no podía ser de otra manera, los medios tradicionales, en lugar de reparar en la ligereza de Narváez -o de abrir el debate sugerido por Hermida y los ciudadanos proponentes- se dedicaron a escandalizar y "sacar reacciones" sobre el escudo de Narváez.
Incluso la presentadora Tania Tinoco, colega del reportero, debió aclarar la interpretación que él hizo a lo expresado en la rueda de prensa a la que no aistió.

¿Acaso Narváez no aprendió la lección del caso Lucero?
¿Qué hay detrás del escudo de Narváez?

O realmente muchos de los sensatos periodistas con los que he hablado se perdieron el momento en el que en Montecristi se presentó lo que en reiteradas ocasiones he llamado "el escudo de Narváez".

No pude sino sonreir por tanta ingenuidad -real o solapada- y falta de crítica al escuchar a periodistas de radio tomando opiniones a los ciudadanos sobre "el nuevo escudo y la nueva bandera" que saldría de Montecristi,o mirar a reporteros de televisión entrevistando a militares mutilados o intercalando imágenes de Jefferson Pérez en el podio olímpico.
¡Tanta sensiblería!

Y si usted vio el escudo de Narváez,
¿Qué opina?

martes, mayo 13, 2008

Lecciones de un incendio II

Lo dicho:
La acusación el primer día, la aclaración al día siguiente.

¿Por qué no activamos esa vieja recomendación de tocar las dos partes de una denuncia, en un mismo plano?

Este es un vicio frecuente a vaces por la premura, otras por la irresponsabilidad.

sábado, mayo 10, 2008

Lecciones de un incendio


Hablar como habla la gente. Esa fue una de las recomendaciones de Alex Grijelmo a un grupo de editores que asistían a un taller sobre edición de textos periodísticos. Grijelmo, autor de libros como El Estilo del Periodista, Defensa apasionada del idioma y El aroma de las palabras, escribió también el manual de estilo de diario El País, de España.
Y el ejemplo que citaba, para ilustrar esta recomendación, era que cuando estamos enfermos no vamos al nosocomio, vamos al hospital.

Y traigo a colación este pasaje porque tras escuchar a una llorosa viuda del joven bombero Mufith Hanna, voluntario que el 17 de abril murió cuando intentaba apagar un incendio en una ferretería, me vino a la memoria una serie de "perlas", imprecisiones y otras irresponsabilidades de parte de periodistas que transmitieron en vivo y en directo, en radio y televisión, los acontecimientos de aquel día.

¿Ejemplos?
La presentadora de noticias de un canal de televisión da el paso a su reportero, para una "entrevista en vivo". Una hora antes un incendio se había desatado en la ferretería Vázquez Brito, del centro histórico de Cuenca, y amenazaba con propagarse a otras casas.
El reportero, tomando el brazo a un oficial bombero, inicia su interrogatorio:
¿Con cuántos bomberos y vehículos están en esta emergencia?
"Estamos con unos 150 voluntarios y todas nuestras unidades, esperamos la colaboración de bomberos de Azogues y cantones por la magnitud del incendio; además sabemos que en el interior hay 200 kilos de dinamita", responde.
El periodista da el paso a la presentadora, que remata "la microonda" con la observación de: "bien amigos televidentes, como lo escucharon hay 150 voluntarios trabajando en la emergencia".
¿Y los 200 kilos de dinamita?
¿No se percata la presentadora del dato que acaba de dar el bombero a su reportero, y lo que puede causar una explosión de 200 kilos de dinamita?
¿El entrevistador no repara en lo que podría provocar una información no confirmada de que 200 kilos de dinamita están expuestos al fuego? ¿Por qué no repreguntó -si ya no pudo evitar que el dato salga al aire- sobre el tema de la presunta existencia de dinamita, y sobre lo que se debe hacer?

Preferí apagar el televisor para informarme por radio. Pero fue peor.
En algunas emisoras los reporteros deportivos se habían sumado a esta especie de "transmisión de los hechos" al mejor estilo de partido de fútbol.
Entonces un locutor de radio anunciaba que efectivamente acababa de ocurrir lo que todos temían: ¡Una deflagración!
Y fue cuando mi esposa, que escuchaba la radio a mi lado, me preguntó: ¿si vas al vulcanizador, le dices que lo necesitas porque la llanta de tu vehículo deflagró o explotó?
Para salir de dudas fui al diccionario de la Real Academia Española, vigésima primera edición.
Deflagración: acción y efecto de deflagar.
Deflagar: Arder una sustancia súbitamente con llama y sin explosión.

Y lo que escuchamos fue una explosión, sin dudas. Entonces, ¿será que cuando el periodista aquel -que más tarde dijo que estaba transmitiendo cerca del "edificio flagelado" - cuando se enferma va al nosocomio, o le pide al vulcanizador que le arregle el neumático de su vehículo que poco antes deflagró?
En este punto, entonces, vale la pena recordar la recomenación de Grijelmo: hay que hablar -informar- como la gente habla.

Ah, una cosa me falta aclarar en esta breve reflexión sobre las lecciones que dejó el incendio del 17 de abril: hace pocos minutos estuvo en el Diario la llorosa viuda del bombero, porque vino a quejarse de una información que apareció en la prensa local, 20 días después del incidente. Se sentía impotente por una extensa entrevista al propietario de la ferretería incendiada donde descarga su responsabilidad en la muerte de Hanna.
Entrevista donde se vuelve a cometer un error frecuente entre nosotros los periodistas: la falta de confrontación.

¿Y usted qué opina?

martes, marzo 25, 2008

“El patrioterismo es antiético”


Un buen motivo para regresar.
Tras una pausa obligada, retomamos este espacio de análisis y reflexión sobre el oficio de comunicar, y lo hacemos con una entrevista del periodista y escritor ecuatoriano Rubén Darío Buitrón al también periodista y escritor, colombiano, Javier Darío Restrepo.
Una entrevista, publicada en diario Expreso, muy oportuna en la coyuntura informativa de estos días: el conflicto diplomático Ecuador - Colombia y el verdadero papel de la prensa seria.
Cualquier comentario adicional está por demás.*


Javier Darío Restrepo: “El patrioterismo es antiético”
Rubén Darío Buitrón

¿Cómo hacer un periodismo que contribuya a la paz y no eche leña al fuego del conflicto? En la reciente crisis entre Ecuador y Colombia, medios de ese país se alinearon con la tesis de ahondar ese conflicto...
Cuando hay guerra o conflictos en la frontera hay confusión. En esos momentos es cuando necesitas hacer el mejor periodismo. El periodista tiene que contribuir a desvirtuar la confusión con claridad y sobre todo honestidad en la información. Si hay una información clara y honesta contribuyes a la paz. Esa es la gran deuda de los periodistas y los medios cuando abordan los conflictos.

La verdad por encima de cualquier cosa, incluso del interés de un Gobierno o un Estado...
Los países en conflicto requieren la verdad de lo que está sucediendo, por encima de cualquier otra cosa y cualquier otro interés. Hay un segundo elemento importante: cuando se producen esas crisis la opinión pública tiende a radicalizarse y el nacionalismo se vuelve una enfermedad muy peligrosa porque distancia posiciones y no ayuda al diálogo ni a la paz. Los medios que contribuyen al nacionalismo o al patrioterismo hacen un trabajo antiético.

¿Patrioterismo periodístico que no mide consecuencias ni es leal con la verdad?
El nacionalismo enfermizo y ciego solo ha traído desastres. Pero el principal desastre es que impide que la gente piense inteligentemente y la lleva a pensar únicamente con los sentidos, juega con su sensibilidad y nubla su inteligencia. En épocas como esta se requiere que el periodista, aunque ame su país, su tierra y su gente, vaya más allá de sus sentimientos y sienta la necesidad de contar a la población lo que esta necesita saber para entender mejor el problema y no para agravarlo o crear enemigos falsos.

¿El periodista debe alinearse con una tesis de Estado?
Jamás. El periodista no debe alinearse ni con gobiernos ni con naciones. Debe alinearse con la población y con el objetivo de prestar el mejor servicio a toda esa población. Es un objetivo y una ética que siempre debemos manejar, pero mucho más cuando se produce una crisis.

En la aclaración que hizo diario El Tiempo de Bogotá, al día siguiente del error con la fotografía donde supuestamente aparecía el ministro ecuatoriano Gustavo Larrea y el guerrillero Raúl Reyes, pidió disculpas por el error pero en uno de los párrafos dice: “esto perjudica a la causa del Estado colombiano”. ¿El medio de comunicación tiene que alinearse con causas?
No le corresponde a un medio alinearse con causas por más nacionales o del Estado que fuesen, puesto que se está informando para que la gente tenga una mayor claridad, y sobre todo para defender la paz entre las naciones. El periodista tiene que dar una información que sea a la vez rigurosamente exacta pero que sea también creíble.

Un error de este tamaño más bien contribuye a la pérdida de credibilidad de la sociedad en la prensa...
Cuando el periodista de cualquier país distorsiona la verdad, ya sea por prisa, negligencia o falta de una metodología de investigación, está en primer lugar contribuyendo a que lo que se dice en su país no se crea. El Tiempo estaba publicando una foto proporcionada por la Policía Nacional. Pero hubiera hecho un gran beneficio a la sociedad y a los dos países si previamente verificaba. Si se tomaba el espacio para la comprobación hubiera concluido que era una fotografía que no había sido analizada suficientemente, por tanto no debía publicarla. El alinearse de una manera irracional con un gobierno o una nación lleva a cometer graves errores técnicos y periodísticos que al final terminan perjudicando a la compresión de los hechos y a la reconstrucción de la paz.

El caso de la fotografía no es el único, entonces...
En Colombia los medios se apresuraron a publicar todo lo que decían de los computadores que supuestamente encontraron en el campamento de Reyes cuando todavía el material de esos computadores no había sido analizado técnicamente. Eso ya puso en tela de juicio la exactitud del material periodístico. El error, desde luego, lo había cometido la Policía. Cómo es posible que el director de la Policía apareciera dando datos de esos computadores sin entregar el examen previo a una misión técnica, como se hizo después.

Ahí el problema es que, por alinearse con la causa, le crees a la fuente oficial sin contrastar ni analizar...
Claro. Tomaron la información del director de la Policía como si fuera una información con técnica forense y hubiera sido confirmada, pero no se había hecho. Con todo eso se ha ocasionado un gran daño en la opinión y se ha perjudicado gravemente la credibilidad de los medios.

Ahora, Javier Darío, hablemos del problema que el director de El Tiempo, Enrique Santos, admitió en una entrevista con Radio Caracol al día siguiente del error: la relación entre poder y prensa. Como sabemos, en el caso de El Tiempo es mucho más grave, ya que el director es el señor Santos, el vicepresidente de la República es otro Santos y el Ministro de Defensa es Santos también. ¿Cómo perjudica a la credibilidad del periodismo en general, no solo de El Tiempo, esa relación demasiado estrecha entre poder político y medios?
Hay una norma que los códigos de ética están repitiendo constantemente y es la necesidad de que el periodismo tome claras distancias con el poder. No está obrando correctamente un periodista que estuviera apoyando a cualquier poder, sea gubernamental, político, económico, religioso, lo que sea, porque el papel del periodista es ser crítico del poder, pero para que pueda ser crítico debe poner distancia tanto entre la versión oficial como entre la oposición cerrada. No cabe en un buen periodismo que se oponga a ciegas ni que acepte cualquier versión porque se trata de una tesis oficial. Solo siendo independiente puedes estar en capacidad de ejercer una crítica del poder.

La independencia es un concepto muy importante. En Ecuador se nos ha criticado a algunos medios porque hemos investigado ciertas anomalías dentro del Ejército, por ejemplo bandas de sargentos y cabos que presuntamente vendían armas a grupos irregulares o la mala situación de las tropas ecuatorianas en la frontera norte. Alguien ha dicho que no es “patriota” publicar esas cosas justo cuando hay un conflicto.
Esa misma situación se presenta aquí en Colombia. Es la tendencia de los gobiernos a envolverse en la bandera patria, y resulta que la bandera patria está encima de gobernar democráticamente. El periodista comete un error al creer que tal gobernante es la Patria o que tal institución es la Patria. Hay un gran error en esos conceptos. El gran beneficio para la Patria es que existan ojos vigilantes que señalen los errores, las faltas que cometen contra los intereses de la Patria, y en ese sentido el periodista cumple una función que es irremplazable, porque generalmente todas las personas tienen intereses que de alguna manera los limitan a la hora de hacer crítica. Insisto que el periodista debe ejercer esa crítica de una manera independiente, incluso de sus afectos personales.

Muchos dirán que es una utopía este planteamiento...
Sé que suena a utopía, pero justamente esa es la utopía que hay que tener en mente para apuntar a algo grande e importante a la hora del quehacer, de ejercer en la práctica las virtudes ideales del periodismo. Esta virtud de la independencia lleva al periodista por encima de cualquier discusión, de cualquier persona, de cualquier poder y, en el caso de que haga un trabajo ético, ahora sí al servicio de la Patria.

¿Existe el concepto de “periodismo patriótico”? ¿ Qué es ser un periodista que ama la Patria?
Yo creo que el conflicto con el periodismo aparece cuando la Patria está vinculada a intereses personales o de grandes poderes económicos. La noción de patria, etimológicamente, es “la tierra de los padres”, por tanto está hecha de elementos que a veces son afectivos pero que son, sobre todo, la cultura y la historia de una sociedad. Pero esa cultura e historia de la sociedad no se detienen únicamente en lo que son unas instituciones o personas con poder.

Si durante un conflicto diplomático como el de Colombia y Ecuador el periodista revela cosas internas del país, ¿atenta contra la seguridad o la soberanía nacional, o está cumpliendo su deber?
Depende de la naturaleza de lo que revele. Si son casos que comprometen la seguridad nacional obviamente está atentando contra el interés público, pero si son datos que contribuyen a un nuevo conocimiento de la situación y por consiguiente a fortalecer la capacidad de la sociedad para tomar una decisión inteligente y firme, son datos que están contribuyendo al interés público.

¿Y si el periodista sabe cosas reservadas, debe informarlas?
Es otra pregunta esencial. ¿Hasta dónde va el secreto que el periodista debe observar sobre asuntos que se entera cuando está haciendo su trabajo? Hay cosas que un periodista sabe que no se deben informar si comprometen a la seguridad pública o la seguridad de las personas.

En tus talleres muchas veces hemos hablado de que el único compromiso del periodista es con el bien común. En el caso de un conflicto entre dos países, entendemos que el bien común es la paz, no la guerra...
El bien común es una frase bastante compleja, sin embargo, es lo que guía al periodista y hay que tener en cuenta que la gran clave para decidir qué es lo que más sirve al público y a quién está favoreciendo o perjudicando con lo que informa. El periodista hace mal su trabajo si tiene confusión sobre cuál es el amo al que sirve: a veces piensa que el amo es el periódico, o el director del medio, o el anunciante, o el gobierno. Si cree eso estará haciendo un periodismo mediocre y peligroso.... La mayor calidad periodística se produce cuando se la orienta en la búsqueda del interés público. Y claro que el interés público es la paz, jamás la guerra.

¿Hay un lenguaje específico que debemos usar los periodistas para generar un ambiente de paz y no consolidar la beligerancia?
Más que lenguaje te diría que debemos reportear, investigar, acercarnos al “otro lado”, por llamarlo así. Todo cuanto contribuya a un mejor conocimiento de los otros, de los que supuestamente son nuestros adversarios, será importante para romper prejuicios y acercarnos.

Pero si lo hacen desde la subjetividad y las emociones, no ganaríamos mucho...
No hay que olvidar que tanto la paz como la guerra comienzan en la mente de las personas y el periodista es el único que tiene el privilegio de entrar a la mente de las personas todos los días. De modo que él es el responsable de los sentimientos y las opiniones que construyen las personas a través de la información.

¿Qué debemos aprender los periodistas y los medios del error cometido por el diario El Tiempo cuando dice que confió en una fuente oficial que supuestamente era seria y que la publicó justamente el día que la OEA se reunía en busca de un acuerdo?
Aquí hay algo que no está dicho allí pero vale la pena subrayar: el periodista a medida que avanza en experiencia aprende que toda fuente miente, así sea la fuente más alta. Aquí el periodista del diario El Tiempo pareció creerle a la Policía pero resulta que de la Policía hay que desconfiar cuando informa, sobre todo cuando informa en situaciones críticas. Además hay que tener muy claro que toda información debe ser investigada siempre...

Antes de publicarla...
Particularmente cuando hay crisis hay que desconfiar de todo, en especial de la prisa. Fíjate que eso apareció en la aclaración del periódico: “nos traicionó la prisa con que usualmente se da asunto a una información”.

¿Considera usted que hay una campaña mediática de la prensa colombiana?
Es muy difícil emitir un juicio acerca de campañas mediáticas intencionadas. Habrá que esperar que pase la crisis y hacer una investigación seria. Puede ser que exista eso. Hay apariencias de eso pero tendríamos que confirmarlo.

¿Cómo podemos contribuir los periodistas ecuatorianos y colombianos, desde nuestro ejercicio diario, a reconstruir las fraternas relaciones entre los dos pueblos?
Hace una década hubo de ustedes mismos una experiencia muy importante que yo creo que debiéramos recoger nuevamente. Fue un encuentro que se hizo entre periodistas ecuatorianos y peruanos en aquel conflicto limítrofe de 1995. Esos periodistas se reunieron y surgieron una reflexiones ejemplares en el sentido de llegar a la conclusión de lo que nosotros como periodistas podemos hacer para contribuir a la armonía de nuestras relaciones.

Pero siempre sobre la base de los hechos y de la búsqueda de la verdad, porque de lo contrario se vuelve un gesto frágil que fácilmente se disuelve en el transcurso del tiempo...
Lo único que al final debe primar para volver a entendernos es el diálogo, pero un diálogo basada en la sinceridad, en la credibilidad y el conocimiento de la verdad. La verdad completa e independiente, y sobre todo una verdad que sea entregada como respuesta a la responsabilidad que tenemos con nuestras sociedades. Generalmente los conflictos bélicos, fronterizos y diplomáticos están basados en mentiras y eso ahonda las crisis.

Es decir, la verdad lleva a la paz. No hay otra fórmula...
No la hay. Todo lo que está basado sobre una mentira o sobre una estrategia oculta nunca contribuirá al entendimiento. En cambio la paz siempre estará fundada en la justicia y en la verdad.

Y eso es lo esencial para nuestro trabajo...
Si el periodista da ese aporte de verdad y de justicia está dando lo mejor para buscar la paz. Nuestro único compromiso es con la verdad y con la paz.



Ficha
Nombre: Javier Darío Restrepo.
¿Quién es?: Periodista colombiano, experto en ética periodística, catedrático y conferencista, con 49 años en prensa escrita y 25 en televisión.
Trayectoria: Fue miembro fundador de la Comisión de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá y del Instituto de Estudios sobre Comunicación y Cultura. Laboró como columnista de los periódicos El Colombiano y El Espectador. En el primero y en El Tiempo fue Defensor del Lector.

*La caricatura fue tomada de El Universo.

domingo, noviembre 04, 2007

La Crónica según Martín Caparrós


La crónica es ¿relatar los hechos de forma cronológica?
Para el periodista y escritor argentino Martín Caparrós, autor de medio centenar de libros inspirados en este género y la novela, es mucho más que eso; “en toda su complejidad, es una forma diferente de contar una noticia”. Contar una noticia manteniendo el interés de la lectura, a lo largo de 500 o 600 páginas.
Con su brillante calva, esmirriado y largo cuerpo, y sus característicos mostachos, Caparrós estuvo en Guayaquil para hablar sobre lo que más le apasiona: la crónica como género periodístico. A lo largo de tres días arrasó con ciertos conceptos –mitos- del periodismo, como el hecho de que ésta es una actividad objetiva. “Los periodistas son sujetos, no objetos; el periodismo será, por tanto, subjetivo más que objetivo”, dice.
Fue crítico: “El periodismo en la actualidad mira al poder; para estar en los medios hay que ser rico, famoso o tetona”.
Fue agorero: “Con Internet uno puede armar un combo de diarios que le informen por completo, podemos armar la mejor selección de diarios que reemplace al impreso que tenemos todos los días”.
Pero también fue redentor: “La fórmula para enfrentar a los enemigos tecnológicos del diario es la palabra escrita…bien escrita”.
Los periodistas tienen el privilegio de la agenda, dice Caparrós. Y no precisamente esa que en la actualidad una gama de asesores que rondan por Latinoamérica proponen: farándula, textos más breves, primacía de la imagen sobre el contenido.
“Los asesores se han inventado una extraña fauna de ¨lectores que no leen¨ y proponen medios impresos más gráficos; en los países de esos asesores, los mejores diarios están llenos de textos”, dice Caparrós.
La pregunta es contundente: ¿debemos combatir a la televisión con sus armas, es decir con las imágenes? Su respuesta es NO; que si lo de los diarios son los textos, entonces hay que trabajar cada vez mejores textos. Y en la extensión que estos requieran.

En primera persona
Una crónica se escribe en primera persona. Pero, según Caparrós, no en primera persona gramatical: yo estuve, o yo ví.
“Cuando se utiliza la primera persona del singular, el autor puede terminar hablando de sí mismo…la verdadera primera persona no es la posición del sujeto en la oración, es del sujeto frente al mundo”.
Es decir el texto, contado en tercera persona, impone un estilo singular, de una manera que solo aquel cronista es capaz de contar.
“No decir al lector cómo es una escena, sino mostrársela; para eso se necesita más espacio, que es lo que los asesores reducen por miedo a ¨los lectores que no leen¨”.
El argentino recomienda evitar la “tentación de lo pintoresco”, que lleva a pensar en crónicas del que vende agua, caramelos. “Ponerle ¨color¨ a las crónicas es una trampa muy habitual”.
También recomienda no olvidar el pacto implícito que hay entre cronista y lectores: todo lo que se escribe, con los recursos de la literatura, debe ser cierto y comprobable.

La actitud del cazador
Como hace miles de años, cuando los cazadores recolectores estaban atentos a dónde saltaba la liebre para poder atraparla y comer esa noche, los cronistas deben estar atentos a los detalles de sus historias. Lo dice Martín Caparrós.
Recurre a las antítesis de las citas textuales y las palabras rebuscadas: Hay que pelearse con las segundas palabras; escribir como la gente habla; buscar las estructuras simples para decir algo.
“Las palabras comunes tienen una belleza que viene de su falta de pretensión. En oposición, las metáforas comunes son todo lo contrario”.


Quién es Caparrós

Nació en Buenos Aires en 1957. Periodista, novelista y ensayista. Utiliza herramientas de la historia, de la literatura y de la reportería para escribir sus textos.
Comenzó su carrera periodística en 1973 en el diario Noticias. Entre 1976 y 1983 vivió en París, donde se licenció en Historia, y en Madrid. De regreso a su país dirigió los mensuarios El Porteño, Babel, Página/30, Cuisine & Vins.
Ha publicado las novelas Ansayo los infortunios de la gloria (1984), No velas a tus muertos (1986), El tercer cuerpo (1990), La noche anterior (1990), La Historia (1999) y Un día en la vida de Dios (2001).
También ha publicado el libro de ensayos La Patria Capicúa (1995), ediciones críticas de dos textos de Voltaire (El Ingenuo y la Filosofía de la Historia) y los tres tomos de La Voluntad: una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina.
Sus últimas publicaciones son los textos de Extinción - últimas imágenes del trabajo en la Argentina, una traducción en verso de Romeo y Julieta y Qué País, Informe urgente sobre la Argentina que viene.
Sus crónicas periodísticas están reunidas en Larga Distancia (1992), Dios Mío (1994) y La Guerra Moderna (1999), producto de sus viajes por buena parte del planeta.

Fuente: www.fnpi.org

jueves, noviembre 01, 2007

Yo sí voy a la Península, y no a pelear…

“Yo sí voy a la Península, y no a pelear…” Fue la única declaración a favor de la visita, durante el feriado del dos de noviembre, a la provincia 24.
Las informaciones que la televisión, y algunos medios escritos guayaquileños, privilegiaron, fue el nuevo destino de los “ofendidos” guayasenses a los que les arrebataron su playa de fin de semana, Salinas.
El desbalance fue evidente, y por ello la toma de posición también. Fue como si se hubieran sumado al llamado de las fuerzas vivas de Guayaquil de “ahora nos vamos a Playas, aunque no nos guste”.
Personalmente tuve la sensación de que quienes decidieron la agenda informativa en esos medios, lo hicieron con el hígado –dolido también porque les quitaron su playa- y no con el afán de servicio a sus lectores – televidentes.
Los reportes, desde la mañana, fueron en directo desde General Villamil, “la playa oficial de Guayaquil”. Reportes que antes eran desde el malecón de Salinas, con sandalias y pantalón corto.
Claro, ahora se acordaron que existe General Villamil. Luego que la península de Santa Elena se les independizó precisamente por posiciones egoístas de acordarse solamente de lo que necesitaban: la playa, el malecón y sus bares, y no de la vialidad, los servicios básicos, la educación y la salud.
Por eso la contundente declaración de aquella señora la que le preguntaron ¿Se va a la Península? Y ella respondió “Yo sí voy a la Península, y no a pelear…”

¿Y usted qué opina?

domingo, octubre 28, 2007

Persigamos nuestros sueños




Para muchos, iniciarnos en este oficio ha sido casi un regalo de la vida. Y un “favor de los dueños de los medios de comunicación”.
“Yo solo necesito un fotógrafo que sepa redactar los pies”, me decía el gerente de una empresa a la que ocho años después de aquel día regresaba para ocuparme del cargo más importante de la Redacción.
La historia de Paul Potts, un vendedor de celulares que tenía encerrado un cantante de ópera en su interior, es la prueba de que debemos seguir nuestros sueños con honestidad.
Lo único que necesitaba es una oportunidad.

Su historia en:

http://es.youtube.com/watch?v=3Of2O36NSLo&NR=1


Y usted ¿qué opina?

viernes, octubre 26, 2007

Mejor no "chupar" con la Policía

La conclusión era fría y contundente: con las fuentes no hay que "chupar". Horas antes a este comentario, un policía y un periodista de televisión murieron envenenados en un "confuso incidente" en el que estaban involucradas dos mujeres. Al parecer, el licor envenenado estaba dirigido al Policía, pero el periodista pereció por una inoportuna visita a esa fuente informativa, en la que le aceptó un vaso con el letal trago.
Se me vino a la mente este capítulo de la turbulenta vida de Guayaquil, porque revisando la prensa la otra mañana se publicó, al estilo "prensa rosa" un alaja artículo sobre la fiesta de un mayor de policía en la que departieron varios periodistas hasta altas horas de la madrugada bajo la amenaza del homenajeado de "el que sale se va preso".
En realidad resulta exagerado pensar que siempre que uno acepte algo de las fuentes pueda resultar evenenado, pero sí contaminado. Creo que es mejor mantenerse al margen.
Hay que enviar señales claras a los nuevos periodistas, a esos reporteros que no quieren ser precisamente de farándula, que es ético no "acostarse con la fuente", que para construir credibilidad se deben guardar las distancias.
Los manuales de estilo de diarios serios prohiben a sus reporteros aceptar donaciones, tratos preferenciales, regalos, etc.
Porque como dice el periodista argentino Martín Caparrós: "Hay que estar lo suficientemente cerca de la fuente como para que te de información, pero lo suficientemente lejos como para publicar esa información".

Y usted ¿qué opina?

viernes, octubre 05, 2007

Bendita inmunidad

07:00. Carla, mi compaera, marca el celular del primer diputado en abandonar el Congreso para obtener sus reacciones. La situación no estaba clara: ¿renunció o lo destituyeron?
A la misma hora, otro diputado que el día anterior participó en una sesión reservada, me decí que el diputado renunciante tiene doble discurso; que en la sesion resrvada tuvo una posición y ante la prensa otra diametralmente opuesta.

08:00. El celular de mi compañera Carla suena nuevamente. Es el Diputado "arrepentido" por lo que dijo una hora antes.
"Por favor, eso de lo de la corrupción en la mayoría del Congreso no lo incluya e la entrevista...no ve que como ya no tengo inmunidad, me ùeden enjuiciar".

miércoles, septiembre 26, 2007

¿Le debo creer a Carlos Vera?

Por eso nos dicen salvajes u horrorosos.
Esta mañana, cuando me disponía a salir al trabajo, el presentador de televisión y periodista Carlos Vera desplegaba papeletas electorales y marcaba, con polla en mano, los casilleros con los candidatos de su preferencia.
La audacia llegó al extremo de escoger determinadas provincias y elegir a quienes, según él, debían ser los próximos asambleístas.
La Maru, mi esposa, que también se disponía a salir, dijo (y eso me tranquilizó pues ella no es periodista…no puede estar prejuiciada y sus comentarios provienen como ciudadana) pensó en voz alta: ¿Y a nosotros nos deben importar las preferencias electorales del señor Vera?

Sí. Efectivamente. ¿Debemos tomar papel y lápiz y hacer una polla por los candidatos de la preferencia de alguien que optó como su profesión el periodismo, especialización en televisión?

¿Es que los periodistas perdemos con facilidad la perspectiva sobre lo que debemos hacer al manejar los delicados espacios de la comunicación social? ¿Somos dueños de la verdad?
Me hago estas preguntas porque no logro hallar una razón para tal, digo yo, desatino.

Quienes optamos por el periodismo como oficio, corremos el riesgo de pensar que nuestras convicciones deben ser las del resto.
Por ello la duda: ¿Debo creer en alguien que le dijo a todo el mundo?: voten por Rafael Correa, y quince días después de haber logrado su cometido, utilizando las pantallas de los ecuatorianos que le invitan a entrar a sus hogares con la única condición de que informe la verdad y sea independiente, empezar un sistemática oposición ¡a Correa!

Nos podemos equivocar, caro…
Pero ¿debemos arrastrar a más gente con nuestros errores?

Luego del desatino de atreverse a sugerirnos por quién votar, incluso en otras provincias, a manera de comentario dijo que lo hacía por su oposición a Correa.

En realidad, sospecho, lo que más le reocupa a Vera es que Correa no le devuelva un salvaje u horroroso, para que así se trabe una pugna mediática…de esas que suben los rating…


http://www.youtube.com/watch?v=N_27BibMRDc



Y usted, ¿qué opina?

martes, septiembre 25, 2007

La Televisión Pública nada más que un sueño

Con 18 millones de costos de operación al año, sin frecuencias disponibles en el país, y con nueva Secretaría de Comunicación, el bullado proyecto de la Televisión Pública de Correa, parece ser solo eso un proyecto.

María Isabel Punín
Periodista Lojana y profesor Investigador de la UTPL
mipunin@utpl.edu.ec


Muchos sueños, ideas, desatinos y críticas mil, que por supuesto son buenas en la “democracia” en la que vivimos, lo cierto, es qué en temas y proyectos de comunicación del Gobierno de Rafael Correa, lo único que sobrevive y transciende es la amenaza y golpes bajos a la prensa.
La amenaza que roza de manera fuerte y errática con el carácter, cada vez más agresivo del Presidente. La amenaza que surge de la irrelevancia y la cotidianidad, que al igual que un cáncer está acabando con nuestra profesión, un tema que debería preocuparnos a todos.

¿Qué ganamos con tener un Televisión Pública?
Ganamos mucho y ganamos todos, siempre y cuando la tan anunciada TV Pública, cumpla con la sencilla e histórica función de los medios de comunicación: informar, entretener y educar, que es totalmente contrario a desinformar, no alienar, no contaminar.
Entonces en qué soñamos, soñamos en una televisión sencilla, libre de ataduras, inteligente, entretenida y por supuesto culta, pero para lograrlo no bastan los proyectos, los anuncios, ni las amenazas, hay que hacerlo de a poco y en silencio. Tal como van las cosas pareciera que el proyecto fue solo una bandera izada por Mónica Chuji, ex secretaria de la presidencia, mujer y comunicadora que no logró contarnos, en su paso por el poder, de donde saldrá la plata.
Para tener un TV Pública hay que iniciar respetando lo que tenemos, una prensa que sobrevive entre la angustia de la hora del cierre, sueldos injustos y censuras de todo tipo, porque un gobierno inteligente y democrático es aquel que permite disentir.
Es bueno disentir para repensar nuestros roles, reafirmar nuestras creencias y que mejor que esta tarea la estimule el gobierno con lucidez, tino y por supuesto con creatividad, en ese marco bienvenida sea la Televisión Pública.
Esperamos entonces que la Televisión Pública compita en igualdad de condiciones con la otra televisión, que busque anunciantes, que trabaje sin descanso para su audiencia, y que salga a las calles para codearse con el pueblo y su suerte, y comprobar sí es cierto que la Patria ya es de todos.
No debemos preocuparnos por su anunciado nacimiento, porque al igual que un niño, debemos festejar su presencia, eso si velar sin descanso por su correcto crecimiento, por su desarrollo fuerte, pero para eso tiene que nacer.
Cuando nazca, las Universidades, sus docentes en comunicación y periodismo deberán ser una especie de padrinos responsables.

El reto de la Televisión Pública
Y cuando nazca la Televisión Pública no será del gobierno sino de todos y su poder será el poder del conocimiento, y su rol será difusión seria, culta, su entrega y sus desvelos no serán otros que el ser una televisión diferente.
Para lograrlo basta con mirarse de frente y sin prejuicios en la televisión que tenemos y ser capaz de no repetir los mismos errores. Atreverse a rescatar la dignidad de todos y a recuperar el buen nombre el periodismo.
Le pedimos al proyecto Televisión Pública que se vea en ese espejo difuso que es la televisión ecuatoriana, ese espejo le ayudará a entender que la ética es un derecho de todos, sencillo como el anhelo que todos tenemos de ser felices.

Deberá entender que el aprender también es una tarea de los medios y que nosotros los periodistas y medios públicos o privados debemos siempre elevar el criterio y la ilusión de la audiencia.
Será esa audiencia noble diversa, por supuesto, la que se encargue de tildar, etiquetar o matar a la televisión que tenemos y por supuesto también a la pública, porque como decía Fernando Savater: mientras el periodista quiera ser protagonista de los hechos y no un informador de ellos, la truculencia será la noticia, y entonces agregó nada habrá cambiado.

sábado, septiembre 22, 2007

Un nuevo reto

Septiembre fue un mes intenso.

Cambio de cargo: de editor general de EL TIEMPO de Cuenca, a Subdirector de Información de diario EL NORTE, en Ibarra.
Los dos medios firmaron un convenio de cooperación interinstitucional, en el marco de un proyecto de apostarle a los medios regionales.

Cambio de ciudad: de las intensas agendas culturales de Cuenca, a las intensas agendas vinculadas con la proximidad de Colombia a la provincia de los lagos.
Toda esta actividad me ha mantenido un poco alejado de los comentarios sobre el oficio, pero es hora de retomarlos.

Es hora de retomar el ejercicio de la crítica y la autocrítica.
Es hora de retornar la blog...
Gracias por estar pendientes...
Ricardo.
rtello@diarioelnorte.ec
www.diarioelnorte.ec

lunes, agosto 06, 2007

Ciudadanos de tercera clase

Hernán Rodríguez *

Acudí al Seguro Social a pedir información sobre mis fondos de reserva, como un ciudadano común y corriente. Tuve que subir y bajar varias veces del primero al cuarto piso sin hallar razón. Contrariado le comenté la experiencia a un amigo, que intervino y le dijo a una funcionaria de segunda categoría, “pero como le hace esto al licenciado, editor de Diario El Mercurio”.

Entonces las caras agrias se transformaron y la actitud también, “haberlo dicho licenciado, venga, venga, que información desea, mi computadora está a su disposición, déme por favor su número de cédula, ¿no quiere de una vez que le dé consultando los fondos de reserva de su esposa?, ¿qué más desea?, estoy a las órdenes”.

Salí con la certeza de que para los burócratas del IESS existen ciudadanos de primera, segunda y tercera clase.
En el hospital “José Carrasco Arteaga”, como ciudadano de tercera clase, me sometí a exámenes de sangre. Para la recepcionista del laboratorio no existían todos los reactivos y fue imposible obtener de ella por lo menos algunos resultados de las pruebas, estaba más concentrada en demostrar su mal genio, que en servir. Intervino un médico amigo y las puertas se abrieron, aparecieron los reactivos y los resultados completos. Me fui con la confirmación de que “quién no tiene padrino no se bautiza”.

Parecida experiencia la viví en el Monte de Piedad. Dependía de un buen contacto para que las joyas empeñadas valgan más, pero si me presentaba al trámite como un simple ciudadano entonces el valor se depreciaba. Comprendí entonces que el compadrazgo, las influencias, las amistades, sí funcionan. Todos los afiliados tienen derecho a ser tratados todo el tiempo, como si fueran importantes autoridades o personajes públicos por el simple hecho de ser humanos y no como generalmente son atendidos, como “perico de los palotes”, como ciudadanos de tercera clase.
A propósito de la entrega de los actuales préstamos quirografarios, me volvió a sorprender (qué duda cabe, el IESS siempre es una Caja de Pandora), que los trabajadores del Instituto tienen un rubro llamado “quirografarios especiales” y de enero a mayo, 6.000 sindicalizados se repartieron 58 millones de dólares en préstamos con el monto máximo de 10.000 dólares a una tasa de 9.88% por cada crédito.

Se habría tratado de un “plan piloto” para poder atender a los afiliados y porque el contrato colectivo contempla este tipo de conquistas. En una segunda etapa, se entregarán 32 millones de dólares más en quirografarios especiales. La Comisión de Fiscalización del Congreso pidió a los directivos del Seguro que expliquen esta concesión.

Como ciudadano de tercera, para acceder a un quirografario tendré que estar libre de la central de riesgos o del reporte de un buró de crédito (inventos malditos), no deberle al IESS, pedir garantía bancaria, olvidarme de mis fondos de reserva y mi cesantía, perder el derecho a un crédito hipotecario…, tendré que cumplir con la interminable lista de requisitos. (Creo que mejor me busco un padrino, sssshh, pero no le contarán a nadie).


* Editor y articulista de diario
El Mercurio de Cuenca

jueves, julio 19, 2007

Los absurdos cotidianos

Discurso pronunciado por Rubén Darío Buitrón en la presentación de su libro Absurdos cotidianos, en la última feria del libro de Guayaquil

Un hombre camina por la calle, se detiene, regresa, sonríe, decide caminar de nuevo. Alguien lo mira y no lo entiende.
Un niño se interna por el parque, imagina que es un gran descubridor y se solaza con cada percepción que llena sus sentidos.
Un enfermo terminal, tendido sobre una camilla, ingresa a la sala de cirugía y asume que no habrá regreso. Un adolescente enamorado no encuentra la clave para expresar sus sentimientos y se hunde en la sensación insólita de su primer fracaso.
Un taxista intenta romper parámetros y pone en práctica, a contrapelo, todo un sistema de valores humanos que sus prójimos han olvidado.
Un heladero no puede controlar su corazón y deja abandonado su trabajo para llorar por su equipo de fútbol.
Un padre atraviesa un conflicto existencial cuando se pregunta acerca de los límites entre los objetivos personales y las metas familiares.
Las historias humanas están allí, en las calles, en los parques, en las esquinas, en las puertas de las casas, en los corredores de las oficinas. Están allí los personajes. Están allí la pasión, el amor, la tristeza, la nostalgia, los sueños, los ideales, el dolor, el deseo, el sexo, la esperanza de ser distinto, el coraje de una vida no trazada, los muros que la vida levanta quizás para que los saltemos o quizás para que no seamos capaces de intentar treparlos.
A veces me asalta el miedo de que al periodismo ecuatoriano se le ha ido olvidando las esencias. Enfrascados en la desesperación por llenar páginas y cumplir horarios, muchos cronistas permiten que una densa nube los atrape y confunda, los reporteros permiten que una venda negra, oscura, implacable, les impida ver más allá de lo usual y convencional, los escritores espera al frente o al lado y se vuelven notarios de lo evidente.
Al periodismo ecuatoriano hay que tentarlo con la manzana de lo distinto, con el embrujo de una realidad aparentemente invisible, con el pesar de lo sensible, de lo esencial, del gesto animal más sencillo, de la reflexión espiritual más frágil, del bucear en lo más hondo de las dimensiones humanas para que allí descubramos nuestras propias otras vidas, nuestras existencias paralelas, hondos y limpios y cálidos cristales de colores insospechados.
Al periodismo ecuatoriano hay que hacerlo aterrizar con las alas de la vida simple, con los destellos que emana la gente común, con las luces que iluminan los corazones oscuros, con el acercamiento a las personas que se esfuerzan cada día aunque el país les dé la espalda, con los misterios que no alcanzamos a develar porque tan solo alcanzamos a caminar las rutas manidas.
Hay que desacomodarnos. Hay que sacudirnos. Hay que situarnos al otro lado de la realidad. Hay que quitarnos las telarañas de la rutina. Hay que despojarnos de conceptos y puntos de vista presuntamente inapelables.
La vida es mucho más de lo que parece, son absurdos cotidianos que nos sorprenden y enriquecen, son hechos que rebasan lo que los medios y los periodistas alcanzamos a expresar. Saltemos ese abismo, reinventemos el asombro, dejemos en libertad al corazón y a la pluma para llenar de placeres y existencias cada nueva línea que, ahora sí, seamos capaces de escribir.

martes, julio 03, 2007

“Gordita horrorosa”



Por Rubén Darío Buitrón

Se llama Sandra Ochoa y es cuencana. Trabajó en el diario El Tiempo y hoy es corresponsal de diario El Universo. Es periodista, abogada y catedrática universitaria. Próximamente obtendrá una maestría en Educación.

Pero con todos esos títulos y su capacidad intelectual, Sandra no es aniñada ni pelucona: es una periodista progresista, una periodista ciudadana, una periodista que apuesta por el cambio, una periodista de excepción que no necesariamente cree lo que le dice el poder, que cuenta la vida cotidiana desde los zapatos de la gente común, que lucha cada día porque su comunidad, su provincia, su región tengan el espacio que merecen en la prensa nacional.

Ha tenido que vencer muchos prejuicios ajenos para consolidarse como ser humano y profesional.

Es mujer y eso ha sido un obstáculo en esta sociedad machista donde el poder discrimina, margina, subestima e intenta intimidar con amenazas, ironías e incontinencias verbales.

Es rebelde, lúcida, inconforme, confrontadora, rigurosa, metódica, inteligente, cuestionadora.

Y es muy valiente: hace tres años decidió, como periodista, hacer un viaje casi suicida en un destartalado barco que llevaba, clandestinamente, a decenas de azuayos indocumentados que intentarían entrar, vía Guatemala, a Estados Unidos.

En ese conmovedor reportaje, que se publicó en El Tiempo, gracias a su audacia y a su decisión de sentir directamente lo que viven sus compatriotas, gracias a su compromiso con los humildes y marginados, mostró la tragedia que sufren cada día cientos de ecuatorianos que mueren o se pierden o son deportados cuando intentan atravesar la frontera hacia el presunto sueño americano.

Por ese notable trabajo periodístico ganó el premio nacional de reportaje “Jorge Mantilla Ortega”, otorgado por diario El Comercio, y el famoso diario norteamericano The New York Times reprodujo en sus páginas el relato.

Cuando hablamos por teléfono o nos comunicamos por correo electrónico tengo presente su alegría intensa y fresca, su pasión para enfrentar los avatares del oficio, su tesón para mantener su dignidad personal y profesional en lo más alto.

Sandra no se deja avasallar por el poder. Sabe enfrentarlo, fiscalizarlo, denunciarlo, desnudarlo en sus mediocridades, en sus corruptelas, en sus soberbias y en sus atropellos.

Sandra podría enjuiciar al Presidente por calumnia o por agresión verbal. Llamarla “gordita horrorosa” no solo es un concepto agresivo y del machismo más ramplón, sino que es una forma de degradar el trabajo honesto e intimidar a quienes hacen preguntas incómodas para quien pide, en un alarde de ignorancia, que el pueblo deje de leer periódicos y se informe por la página web de la Presidencia de la República.

Sandra podría presentar su demanda en alguna comisaría de la mujer. Al fin y al cabo, como suele decir su majestad cuando se siente atacado, la ley es la ley y hay que hacer respetar el honor de las personas.

La caricatura fue tomada de diario El Universo, edición del martes 3 de julio

lunes, julio 02, 2007

Lo que no sabe el excelentísimo Correa


Cuando la conocí, era una joven estudiante decidida a triunfar. Llegamos a ser compañeros en Radio Visión, donde creamos un programa informativo sabatino que duró dos años. Fueron nuestros primeros pininos en el oficio. Y lo hacíamos bien.
Apasionados por la ética, hablábamos constantemente de ella en contertulios en los que mi padre, un viejo fotógrafo de prensa, era el conciliador en nuestras propuestas irreverentes. Con Sandra y Maggi Tello fuimos a la frontera peruana para hacer una cobertura sobre la reedición de la batalla de Panupali. Cuando regresamos, Maggi decidió escaparse de la vida. Esto marcó a Sandra porque eran compañeras, pero la comprometió a combatir la corrupción, una de las causas para la decisión de Maggi.
Entonces me hice reportero de prensa y Sandra continuó en la radio hasta el desastre de La Josefina, cuando decidió emigrar al cantón Gualaceo, donde por necesidad de información se creó el semanario El Pueblo; allí inició su recorrido por la prensa escrita.
Recuerdo también aquella mañana en la que The New York Times nos invitaba a participar en un proyecto conjunto: seguir la ruta del emigrante. En la oficina del director de EL TIEMPO y cuando ya era el editor general, lanzábamos la propuesta a los dos periodistas cuyos perfiles vimos como los más apropiados para el viaje. Jaime, el más opcionado, desistió por temor. Sandra, que ya había propuesto un proyecto similar, tomó el reto: se fue en un destartalado barco hasta Guatemala, donde fue retenida por los coyoteros centroamericanos para exigir un pago adicional al que The New York Times ya había hecho por el viaje.
Recuerdo aquella noche cuando los padres de Sandra llegaron a mi casa en busca de información, porque ella apenas se había despedido, sin contarles del proyecto. Y recuerdo también aquel domingo en que me llamó por celular desde su forzado encierro a advertir que está amenazada por los coyoteros. Y se me viene a la mente también todo lo que hicimos sus amigos para reunir el dinero y liberarla.
La recuerdo, orgullosa, en las páginas de la prensa nacional, con su merecido premio Jorge Mantilla Ortega al mejor reportaje. Y ella aclarando que no era su historia, sino la de miles de ecuatorianos que todos los días abordan esos destartalados barcos en busca de un mejor porvenir.
Incondicional con los amigos. Abogada y profesora universitaria. Uno de los pocos patrimonios que tiene la ciudad en materia periodística.
Cuando trabajaba en EL TIEMPO era la encargada de las entrevistas confrontadoras con los representantes del poder, por su agilidad mental y frontalidad. Por eso, y pese a las diferencias que tenemos ahora, me dolió cuando alguien la trató públicamente de “gordita horrorosa”.
Y me dolió no por quién lanzó la ofensa, el excelentísimo Correa, porque ya sabemos que el poder vuelve arrogante a la gente, sino porque fue una ofensa pública, esas de las que precisamente nos cuidamos los periodistas que actuamos de forma ética.
Y como decía un compañero del Diario, el excelentísimo señor Presidente ya ha dado carne para que los medios se embelecen y le tengan en sus páginas. Lo cierto es que nuevamente el excelentísimo se equivocó, y quizá hasta ahora no se da cuenta de que la dama a la que incansablemente busca y llama “la Majestad de la Presidencia”, le sigue siendo esquiva, porque él mismo no da motivos para ganársela…

¿Y usted qué opina?

P.d. La foto fue tomada del portal de la Presidencia de la República.